Si ya se sentía mal en un día normal, ¡imagínate en plenas fiestas!
¡Dejar a alguien sin hogar en Navidad parecía una crueldad!
Pero luego recordaba lo que había pasado aquella noche, y las cosas que él le había dicho, y se le quitaban todas las ganas de verlo.
Dicen que los borrachos siempre dicen la verdad.
Sus palabras la habían dejado completamente desconcertada.
...
Pasadas las nueve de la noche, Gael y Tania regresaban a casa.
En el camino, Tania preguntó: —¿Anduviste de chismoso a mis espaldas?—.
Gael se sintió descubierto. —¿Eh?—.
Tania insistió: —¿Fuiste tú quien le dijo a mamá que estoy tomando esos caldos medicinales?—.
Gael la miró con el ceño ligeramente fruncido, como un niño que ha hecho una travesura.
—Lo siento—.
Tania sonrió.
—¡Vaya contigo! ¡Ahora resulta que andas con chismes a mis espaldas! Mamá me acaba de dar un sermón por tu culpa—.
Gael, preocupado, preguntó: —¿Qué te dijo mamá?—.
Tania respondió: —Me dijo que hasta los remedios naturales en exceso hacen daño, que es mejor no tomar nada si no es necesario, y que ni siquiera los suplementos para el cuerpo son buenos si se abusa de ellos—.
Gael movió los labios. —Mamá tiene razón—.
Tania no pudo evitar sonreír de nuevo. Después de un momento, lo miró y preguntó:
—Gael, ¿ya estás empezando a preocuparte por mí por todo este asunto de querer tener un bebé?—.
Gael la miró y asintió con toda sinceridad.
—Sí, no quiero que estés triste—.
Tania le acarició la mejilla con ternura.
—Perdóname por preocuparte—.
Gael frunció el ceño, como un niño ofendido.
—No quiero que te disculpes, quiero que seas feliz—.

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