—La diferencia está en la concentración del aire. El aire allá adentro no es igual que el de afuera. Hemos recogido muestras para analizarlas aquí, pero hasta ahora no hemos logrado descubrir exactamente de qué está hecho —explicó el tercer abuelo.
Aspen volvió a preguntar:
—¿Es posible que haya seres humanos adentro?
El tercer abuelo negó con la cabeza sin dudarlo.
—Imposible. Puede que haya criaturas extrañas, pero humanos, eso sí que no. Una persona normal no podría sobrevivir ahí dentro.
—Hicimos pruebas. Incluso si uno no se adentra demasiado, como mucho puedes estar ahí dentro dos horas. Más tiempo y empiezan los síntomas de asfixia grave, te la juegas a morir.
Aspen se quedó callado.
El tercer abuelo continuó:
—Pero aunque es peligroso, ahí adentro de verdad hay cosas valiosas.
—La abuela, por ejemplo, encontró unas plantas medicinales increíbles, y el quinto abuelo descubrió un material completamente nuevo.
—La potencia de esas plantas ya la viste tú mismo. El bisnieto menor de los Hidalgo fue el primero en beneficiarse de ellas.
—Y sobre el material nuevo ni hablar. Es la base para desarrollar armas modernas.
—¿Sabes qué es lo más difícil en la industria militar? Aparte de la tecnología, lo más complicado son los materiales.
—Si logramos entender esos materiales y aplicarlos a nuestro ejército, nuestras armas estarían en otro nivel, ¡créeme!
—Además, una vez vimos lo que parecía una ruina antigua, pero ni siquiera pudimos entrar; tuvimos que retirarnos enseguida. La siguiente vez que regresamos al Abismo, ya había desaparecido.
—Estoy seguro de que ahí debe haber restos de alguna civilización que nadie ha visto antes. Si pudiéramos explorarlos, conseguiríamos un avance histórico.
—Y no es solo eso. Ahí adentro hay más secretos esperando ser descubiertos.
—Por eso debemos protegerlo. El futuro del país depende de esto.

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