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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 74

Fermín no parecía tener tanta prisa, solo asintió y soltó con calma:

—Sí, tienes razón.

Luego, se giró hacia Noemí con una sonrisa fingida.

—Noemí, ¿por qué no platicas un poco con Cesi para ver si se entienden?

Noemí se rio, mostrando una fila de dientes tan blancos y grandes que a César le revolvieron el estómago.

—Claro que sí, Cesi —dijo, lanzándole una mirada que buscaba ser coqueta.

César trató de controlar las náuseas, sintiendo que el color se le iba de la cara. Se acercó a Fermín y, en voz baja, preguntó:

—Papá, ¿por qué arreglaste esto con la señorita de la familia Cordero?

Él estaba seguro de que el acuerdo anterior era con la hija mayor de la familia Gómez.

Otilia Gómez.

Otilia era la primera bailarina de ballet, dulce y cautivadora.

Si iba a tener una cita arreglada, al menos con Otilia no sentiría esas ganas de vomitar. Aunque había decidido mantenerse fiel a Lavinia, si ya tenía que cumplir con este compromiso impuesto, prefería que la herramienta fuera al menos agradable a la vista.

No como esta Noemí, que pesaba más de noventa kilos y no le despertaba ni una pizca de interés.

Fermín, algo incómodo, respondió:

—Tu hermana me dijo que Noemí era buena opción, que desde hace rato está enamorada de ti.

—Me pidió que arreglara esto entre ustedes.

—A decir verdad, yo también creo que Noemí es buena muchacha, y eso de estar llenita siempre ha traído buena suerte a las familias.

¿Buena suerte? ¿Más de noventa kilos de buena suerte? Si alguien la quería, él se la regalaba con moño y todo.

—Entonces fue cosa de mi hermana… —César lo entendió al instante. Su hermana, la que siempre lo protegía, ahora parecía haber perdido la cabeza por Ricardo y lo estaba lanzando directo al matadero.

—Así es, ella solo quiere lo mejor para ti, como siempre. Sabes que te adora —Fermín no sospechó nada raro.

César sintió cómo se le congelaba el corazón. Cerró la mano con fuerza.

—Sí, mi hermana siempre ha velado por mí.

—Bueno, los dejo a solas para que conversen —Fermín, riendo, invitó a los papás de la familia Cordero a dar un paseo por el patio trasero para mostrarles las carpas doradas que tenía en su estanque.

Dejaron la sala libre para los jóvenes.

Patricia, por su parte, después de grabar el video del encuentro, aprovechó que todos se dispersaban para escabullirse. César ni se enteró de su ausencia.

Solo cuando todos se fueron, César lanzó una risa seca, miró a la ilusionada Noemí y dijo con tono impasible:

—Señorita Cordero, lo siento, pero no podemos comprometernos.

Noemí, que seguía flotando en su nube de fantasías, se sobresaltó al escucharlo.

Abrió los ojos con molestia y le soltó:

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