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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 73

En ese momento, la casa de la familia Rosales estaba llena de movimiento y voces.

Fermín miraba con una ternura desbordante a la joven frente a él, la hija mayor de la familia Cordero, Noemí, quien no podía ocultar sus más de cien kilos, pero sí un aire seguro y altivo.

Sus ojos reflejaban aprecio sincero.

Al final, solo los mayores podían ver con tanto cariño a una nuera así, tan redonda y llena de vida.

Detrás de Fermín, la representante Patricia tenía el celular en la mano, lista para grabar. Lo hacía siguiendo las instrucciones de Auri: debía captar en video todo el proceso del encuentro entre César y su “candidata”. Más tarde, planeaba enviárselo a Lavinia. Aunque no lograra enfurecerla hasta el desmayo, al menos seguro la haría rabiar.

—Señor Rosales, ¿y a qué hora llega Cesi? —preguntó Noemí mientras jugueteaba con sus dedos rechonchos, visiblemente impaciente.

La verdad es que su rostro era agradable, los rasgos bien proporcionados, pero su peso la convertía en el blanco de muchas bromas en la ciudad. Además, la familia Cordero siempre la había consentido demasiado, y eso la había vuelto explosiva y difícil de tratar. Nadie se atrevía a acercarse demasiado.

Ella misma era consciente de que su figura era casi una leyenda de burla en el círculo social. En Solara, los hijos de las familias influyentes no querían saber nada de un matrimonio con los Cordero, ni aunque fuera una alianza poderosa. ¿Quién, teniendo dinero y opciones, querría casarse con una mujer de más de cien kilos y mal carácter? Nadie quería llevarse ese problema a casa.

Por eso, Noemí encabezaba la lista de las mujeres más difíciles de casar en Solara. La familia Cordero ya había intentado negociar con más de una docena de herederos de familias distinguidas, pero ninguno aceptó. Los de menor rango, en cambio, no eran suficientes para el estándar de los Cordero.

Con Noemí acercándose a los veintiséis años, sus padres empezaron a preocuparse. Temían que se quedara sola para siempre y la presionaban para que bajara de peso y comiera menos. Pero, cuando todo parecía perdido, la familia Rosales apareció como un salvavidas.

El hijo adoptivo de los Rosales, César, además de ser atractivo, tenía una excelente reputación. Si lograban unir a ambos en matrimonio, sería una bendición para los Cordero. Y lo mejor: Noemí estaba encantada con César desde el primer momento. Para ella, este compromiso era suyo y no pensaba dejar que nadie se interpusiera.

—Noemí, no te desesperes, Cesi ya viene para acá —dijo Fermín con una sonrisa bonachona, intentando tranquilizarla—. Aguarda un poco más.

Noemí asintió con un leve resoplido, pero la impaciencia la devoraba. Ya llevaba media hora esperando. ¿Y si César estaba huyendo? Ni pensarlo. Era su elección y, si tenía que ir a buscarlo a la fuerza, lo haría.

De pronto, la puerta principal se abrió.

—¡Papá, mamá, ya llegué! —anunció César, entrando con paso apresurado y una gran sonrisa, sosteniendo en la mano el Collar de Estrellas y Luna que Aurora le había dado especialmente para la ocasión.

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