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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 61

La pantalla del celular se apagó.

Pero la expresión acalorada en el rostro de Ricardo, ese hombre que siempre aparentaba ser tan distante como un iceberg, no pasó desapercibida para Aurora.

Qué tentación, de verdad. Hasta le daban ganas de ir y morderlo.

Los labios de la joven se curvaron en una sonrisa coqueta, imposible de ocultar.

—Ajá, ¿así que mi marido todo serio también puede sonrojarse?

¿Tan fácil de provocar resultaba?

Aurora reprimió la risa, tocando distraídamente la orilla brillante de su funda, y mientras más pensaba en ello, más se le marcaba la sonrisa coqueta.

En el fondo, Aurora y Ricardo podían considerarse amigos de la infancia.

Él era algunos años mayor.

Cuando eran niños, siempre la acompañaba al colegio, luciendo esa pose de chico serio y protector.

En aquel entonces, Aurora ni se imaginaba que algún día sentiría algo por él.

Tampoco había visto nunca que alguna chica lograra ponerlo nervioso.

Ahora, de pronto, en esta nueva oportunidad que le daba la vida, presenciaba cómo ese hombre tan reservado y orgulloso podía ruborizarse.

Vaya cosa.

Aurora sintió que todavía tenía esperanzas.

Al menos, Ricardo no podía resistirse a sus provocaciones.

Así que, cuando él regresara al país, pensaba conquistarlo con todas sus armas. Tenía que lograr que se rindiera completamente a ella.

Aurora, con una sonrisa que brillaba como el sol, empezó a maquinar cómo devorarse poquito a poco a su esposo. El rubor le llenó la cara y hasta la puntita de las orejas se le pintó de rojo.

Respiró hondo, serena.

Con delicadeza, desbloqueó la pantalla y, de manera despreocupada, se posó frente al espejo, guiñó un ojo y formó un corazón con los dedos.

—Click—

Se tomó una selfie en la que lucía encantadora.

Sin perder tiempo, le envió la foto a Ricardo:

[Amor, cuando regreses al país, acuérdate de traerme ese chocolate alemán de moka con avellanas y los caramelos de colores. Me encantan.]

[Por supuesto, como recompensa por tu encargo de chocolates y dulces de anoche, te regalo esta foto.]

Poco después, Ricardo recibió el mensaje, lo abrió y lo miró.

Sus ojos oscuros se volvieron aún más profundos, como un pozo sin fondo.

Las orejas se le tiñeron de rojo, y no lograba apartar la mirada de la imagen: Aurora, con un vestido de tela ligera que apenas dejaba entrever su figura.

La nuez de su garganta se movió con fuerza. El gesto de su cara se tensó aún más. Tardó un minuto entero en contestar:

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