Entrar Via

Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 39

Al otro lado de la ciudad, en un pequeño departamento.

Lavinia regresó a casa con la cara aún hinchada, esa que parecía de cerdito tras el golpe, y apenas se sentó cuando escuchó que tocaban la puerta.

Se levantó a abrir.

Era el repartidor, que le entregó un paquete: arroz con leche y dátiles dulces, justo como a ella le gustaba.

No hacía falta adivinar quién lo había mandado.

Después de tantos años, solo César recordaba que ese era su postre favorito.

Recibió el tazón de arroz, cerró la puerta y se dejó caer en el sillón. Tomó el celular y marcó a César.

César acababa de llegar a la mansión de la familia Rosales. Ni siquiera había entrado cuando vio la llamada de Lavinia.

De inmediato se escabulló al fondo del jardín para contestar sin que nadie lo escuchara.

—Lavi, ¿ya recibiste el arroz con leche?

Lavinia miró el tazón sobre la mesa. Sus ojos se llenaron de lágrimas y rabia. Apretó el paquete entre los dedos, recordando la humillación sufrida con Aurora ese día. No pudo contenerse y rompió en llanto.

—Cesi, ¿qué vamos a hacer?

—Aurora está como desquiciada, ahora se la trae contra nosotros. Y todavía quiere obligarte a casarte. ¿Sabes siquiera quién sería tu pareja en esa boda arreglada?

César apretó el teléfono con fuerza. Escuchar a la mujer que amaba llorando de esa forma le partió el alma.

—Lavi, no llores. Cada vez que lloras, me duele hasta los huesos.

—No te preocupes, yo no pienso aceptar ese matrimonio.

—Te lo juro, solo me casaré contigo. Nadie más va a tocarme, eres la única para mí —afirmó con un tono solemne—. Mi amor, aguanta un poco más. Dame tres meses.

—En tres meses, me voy a quedar con todo lo de la familia Rosales. En ese momento, Aurora va a divorciarse de Ricardo.

—Cuando pierda el respaldo del Grupo Morales, no va a valer nada.

—¿Qué te parece si la mandamos a África?

¿África?

Lavinia, con los ojos enrojecidos, preguntó entre sollozos:

—¿Por qué a África, Cesi?

—Para que pruebe lo que es sufrir de verdad —soltó César con una carcajada amarga—. Que se infecte de algún virus mortal, como el ébola, ese que no tiene cura.

¡Ébola!

Lavinia lo entendió al instante, y sus lágrimas se detuvieron.

—Listo, así será. La mandaremos allá y que se infecte de ébola.

—Luego publicamos las fotos en internet. Va a ser un escándalo.

Lavinia ya estaba maquinando su venganza.

Aurora siempre se creyó la más guapa, era la estrella del momento en todos los medios.

Si esas fotos donde apareciera llena de llagas y con la piel destrozada llegaran a circular, no podría mostrar la cara nunca más.

Solo de pensarlo, Lavinia sentía que recuperaba algo de su dignidad.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renací en la Noche del Parto