Entrar Via

Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 24

Aurora lo llamaba con ternura para que fuera a ver al bebé.

—¿Por qué es tan tragón?

—Mi mamá dice que solo los bebés tragones crecen fuertes —dijo Aurora con una voz llena de dulzura, completamente envuelta en esa aura de madre amorosa.

Cada palabra giraba en torno al pequeño.

El pecho de Ricardo se contrajo, incapaz de resistirlo.

Sin embargo, en su mente seguía flotando la imagen del acuerdo de donación que vio la noche anterior.

Ahí, en letras grandes, estaba su firma.

Aun así, Ricardo hizo un esfuerzo por enterrar ese torbellino de emociones.

—Aurora, me iré a Europa por tres meses —anunció Ricardo, observando primero su rostro y después al hijo que mamaba con tanto entusiasmo.

El pequeño, la verdad, sí era bastante glotón.

Su boquita abría y cerraba con ganas, disfrutando el momento.

Su carita redonda y tierna era para derretirse.

Se parecía mucho a Aurora cuando era niña.

El contorno de sus cejas y la frente, en cambio, recordaban a Ricardo.

Pero entonces le cruzó por la cabeza: ¿y si algún día el pequeño se enteraba de que sus padres estaban a punto de separarse, de que su matrimonio era un desastre?

¿Le rompería el corazón?

A Ricardo le dolía el alma solo de pensarlo.

Él tampoco deseaba el divorcio. Llevaba un año intentándolo todo para recuperar a Aurora, pero nada había funcionado.

Si no fuera por las circunstancias.

Si no temiera que Aurora volviera a herir a su hijo.

Jamás habría dejado de luchar por ella.

Pero, por el bien del bebé, por su salud y bienestar, no le quedaba más remedio que soltar.

La verdad, ese año de matrimonio había sido una tortura para él.

En más de una ocasión despertó sudando en mitad de la noche, con pesadillas en las que Aurora lo perseguía con odio, como si quisiera eliminarlo de su vida.

La amaba tanto que habría dado todo por ella.

Pero ella seguía empeñada en hacerlo sufrir.

Por más que lo intentaba, no lograba entenderla.

Y ese desconcierto solo hacía que el dolor se agudizara día tras día.

Tanto, que a mediados de año, cayó en depresión.

Necesitaba pastillas para dormir cada noche.

Si no las tomaba, en cuanto cerraba los ojos solo veía el rostro de Aurora mirándolo con desprecio.

No tenía idea de cómo contentarla.

Antes, pensaba que, como habían crecido juntos, ella siempre querría verlo cerca.

Pero ni la historia compartida pudo competir con el hermano que apareció de repente.

Desde que César, con apenas diecisiete años, llegó a la familia Rosales, Aurora ya no lo miró igual.

Él fue el primero en conocerla, el primero en tomarle la mano, en caminar juntos rumbo a la escuela.

De pequeña, Aurora se sonrojaba cuando él la cargaba en la espalda y le decía: “Riqui”.

Hasta prometía, sonrojada, que algún día se casaría con él.

Y él, iluso, esperó.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renací en la Noche del Parto