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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 211

Tarde, tienda de vestidos de novia Amor Eterno.

Frente al enorme espejo de pruebas, Noemí lucía una sonrisa de satisfacción mientras vestía un vestido de novia de corte vintage, inspirado en la reina María de la era victoriana.

Con las manos en la cintura, pedía ayuda a dos empleadas para que le subieran el cierre en la espalda.

Ese vestido era una de solo tres piezas disponibles en todo el país.

Noemí había conseguido una.

Aunque no iba con su estilo.

A ella le quedaban mejor los vestidos tiernos, algo más juvenil.

Pero esa vez, tenía antojo de usar ese diseño retro, con encajes complicados y una falda tan larga que casi barría el piso.

Lástima que su cintura no ayudaba.

Por más que las dos empleadas le echaban ganas, el cierre no subía.

Así que solo podían rogarle:

—Señorita Cordero, por favor, meta un poco el abdomen.

—Así, así, solo un poco más... inhale.

—Ya casi está, no se mueva —decían, ya agotadas.

Pero ni modo de sugerirle que mejor eligiera una talla más grande.

Noemí había señalado ese vestido, el de cien mil pesos, y ya lo había pagado.

Ellas no podían quedar mal con una clienta de ese calibre.

Así que tocaba seguir intentando subir el cierre.

—¿Listo ya? —preguntó Noemí, aguantando la respiración hasta marearse.

Si seguía así, se iba a desmayar.

Pensó que tal vez sí debería animarse a una liposucción. Por César, debía cambiar un poco.

No fuera a ser que ese infeliz de César solo tuviera ojos para esa actriz de televisión, Lavinia.

—Bah, ¿por qué? ¿Por flaca? —refunfuñó para sí.

Noemí, fuera de lo rellenita, tenía una cara bonita.

Sus mejillas redondas y rasgos dulces la hacían ver simpática.

Pero desde que era adolescente, se había vuelto fanática del KFC; cada día se comía tres cubetas familiares.

El gusto por la comida le ganó.

No podía dejarlo, y su peso subió como espuma hasta llegar a cien kilos.

Solo de pensar en esa "tierna" Lavinia, sentía cómo los dientes le rechinaban.

Por suerte, Aurora estaba de su lado.

Con esa hermana respaldándola, ¿César se atrevería a desobedecer?

Noemí forzó una sonrisa, se giró hacia las empleadas y preguntó:

—¿Ya quedó? Se me están durmiendo las piernas.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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