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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 179

Nadie sabía cuánto tiempo había estado parado ahí.

Ni cuánto tiempo llevaba escuchando.

De todos modos, ella ni por error se había acercado demasiado a César.

Su conciencia estaba tranquila.

—¡Amor! —Aurora le saludó agitando la mano, y enseguida miró a César, quien seguía sin vergüenza plantado ahí—. Cesi, si estás enfermo, mejor vete a descansar a tu casa.

Sus palabras tenían doble filo.

El rostro de César se tensó un instante. Volteó a ver al hombre de porte imponente que se apoyaba contra el carro de lujo.

César solo pudo lanzarle una mirada de reproche a Ricardo, tan llena de resentimiento que cualquiera la habría notado.

Aun así, forzó una sonrisa de lo más falsa y dijo:

—Hermana, me voy entonces.

—No voy a casarme con Noemí, así que ya no te preocupes por eso.

Aurora se encogió de hombros, con una media sonrisa.

—Pues primero ve y arréglatelas con la señorita Cordero.

César asintió, ja, lidiar con Noemí, esa mujer, no le parecía nada complicado.

Se fue convencido de que todo tenía bajo control y se dio la vuelta para marcharse.

Pero justo al pasar junto a Ricardo, César soltó una risa burlona y no pudo evitar provocarlo:

—Cuñado, tú no tienes manera de ganarme.

Ricardo frunció el ceño, su mirada se endureció:

—Atrévete, a ver si es cierto.

Jamás había considerado a César como alguien digno de su atención.

César bufó, se llevó la mano al pecho y se marchó a grandes zancadas.

Apenas desapareció ese tipo problemático, Aurora no lo pensó dos veces: dejó caer su bolso carísimo en el asiento, sujetó la falda de su vestido y corrió hacia Ricardo.

Lo rodeó con los brazos por la cintura.

—Amor, ¿cuánto escuchaste de lo que decíamos?

Ricardo relajó su expresión y sonrió de lado, con ese atractivo que lo volvía irresistible.

—Casi todo.

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