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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 152

Para evitar que Ricardo sospechara, Aurora prefirió mantener las cosas lo más simples posible.

Después de todo, ese asunto del veneno misterioso venía de un antiguo y desaparecido pueblo llamado Maristela. En Solara, nadie había oído hablar de algo así.

—Amor, la familia Fajardo ya buscó a tantos expertos... ¿qué diferencia hace que yo me meta también? —Aurora se pegó más a su lado, su voz suave, casi en un susurro.

El aroma de rosas que desprendía su cabello y su vestido llenó el reducido espacio del elevador, envolviendo a Ricardo en una calma inesperada.

Por un instante, todo su estrés se desvaneció. Ricardo bajó la mirada, pensativo, y al cabo de un momento cedió:

—Está bien, le aviso a Ismael Fajardo.

Apenas escuchó el “sí”, Aurora sonrió —una expresión ligera, pero sincera.

—No te preocupes, amor. Señor Fajardo va a estar bien —le aseguró.

Ricardo asintió con un simple “mm”.

Después de eso, ninguno de los dos agregó nada más. El silencio reinó hasta que un “ding” anunció la llegada al piso. Las puertas se abrieron y una luz blanca y cegadora invadió el pasillo. Ricardo echó un vistazo: el corredor estaba tan callado que casi podías oír los latidos de tu corazón. Tomó la mano de Aurora con determinación y la llevó directo a la sala de cuidados intensivos.

...

En ese momento, la sala ya estaba llena de gente. Ismael tenía los ojos enrojecidos, sentado en una silla, soltando suspiros de preocupación. Los Fajardo iban y venían: algunos rodeaban la cama de Valentín, que seguía inconsciente; otros trataban de animar al patriarca de la familia.

El abuelo ya era mayor y sufría de alta presión. Valentín siempre había sido el orgullo y la esperanza de los Fajardo. De todos los nietos, era a él a quien más consentía y quería.

Si algo le pasaba a Valentín, el abuelo no sabría cómo seguir adelante.

La sala estaba llena de murmullos, un caos de voces y movimientos.

El director del hospital entró a revisar al paciente. Se acercó al abuelo y le explicó con paciencia que Valentín necesitaba descansar, que no era bueno que hubiera tanta gente a su alrededor. El ruido solo le hacía daño.

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