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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 123

Al otro lado de la ciudad, en la mansión de la familia Rosales.

César, con la cara sucia y el ánimo por los suelos, regresó a la mansión arrastrando su saco arrugado con una mezcla de frustración y enojo. Entró al lujoso salón principal, listo para buscar a los señores Rosales y hacerse la víctima.

Pero el salón estaba completamente vacío.

Miranda Rosales había salido a jugar cartas con unas amigas, y Fermín andaba en el jardín, relajado, regando las plantas.

César miró el salón desierto y la rabia acumulada en su pecho volvió a arder, como si alguien hubiera echado gasolina al fuego. La humillación que Aurora le había hecho pasar ese día volvió a pesarle como una losa.

En un arranque de desesperación, tiró el saco arrugado al suelo.

Apretó los puños y estuvo a punto de ir a buscar a Fermín, dispuesto a suplicarle que lo pusiera de nuevo en su puesto en la empresa.

¿Por qué, después de tantos años trabajando en el Grupo Rosales, Aurora podía quitarle todo con solo una palabra? ¿Por qué lo habían relegado a un puesto sin importancia?

No podía aceptarlo.

En ese momento, una de las empleadas domésticas lo vio entrar y enseguida se acercó con una sonrisa.

—Señorito, felicidades.

¿Felicidades? Si acababan de degradarlo, ¿qué le estaban celebrando? ¿Se estaban burlando de él?

César contuvo su rabia y apretó los dientes.

—¿Por qué me felicitan?

Las empleadas no tenían idea del desastre que había vivido en el Grupo Rosales, así que contestaron buscando agradarle.

—La señorita Aurora llamó esta mañana para avisar que hay que empezar a preparar la fiesta de compromiso de usted con la señorita Cordero.

—Por eso lo felicitamos, señorito. Va a tener una buena pareja.

¿Pareja? ¿Con Noemí, esa mujer que pesa cien kilos y a la que ni siquiera soporta? Para César, eso no era una bendición, era una condena.

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