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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 120

Owen lo tenía claro.

Antes de que Aurora se fuera, él, como suegro, por primera vez sacó de la caja fuerte un juego de coral valuado en varios millones de pesos para regalárselo.

Era una manera de premiarla por darle al clan Morales su primer nieto varón y, además, para agradecerle por lo que había hecho ese día.

Aurora no se negó y aceptó el obsequio con una docilidad que enternecía.

Sin embargo, en el camino de regreso con ese lujoso juego de coral rojo, Aurora hizo una parada especial.

Se desvió hacia una tienda de artículos para adultos.

Después de haberle dado su merecido a dos personas despreciables aquel día, su ánimo estaba por las nubes.

Quería consentir a su esposo, el presidente tan encantador como inocente.

Así que, ni tarda ni perezosa, eligió un paquete de artículos con temática de “juego de encierro”.

Pagó todo y lo guardó en el carro.

...

De regreso en la mansión, la tarde transcurría tranquila; el equipo de gestión que Ricardo había asignado ya estaba atendiendo los temas de la empresa.

Aurora no temía que los directivos revoltosos fueran a causar problemas.

Con una sonrisa y bolsas llenas de sorpresas, llegó a casa.

Su bebé seguía dormido, así que decidió subir a la habitación.

Abrió cuidadosamente la caja de coral rojo que le había regalado su suegro y la colocó sobre la cama.

No pudo evitar emocionarse. Sacó el celular, tomó una foto y se la mandó a Ricardo:

[—¡Amor, mira lo que me dio tu papá! ¡Tarán! Son cuentas de coral rojo.]

[—Es mi premio, ¿a poco no están divinas? Estoy feliz de la vida.]

Era imposible no notar el entusiasmo en el mensaje de Aurora.

Ricardo, al ver la foto del regalo de su papá, sintió una punzada de celos que no esperaba.

[—Sí, están preciosas.]

[—Tu papá tiene muy buen gusto.] Aurora le respondió de inmediato, genuinamente agradecida.

Ricardo, con los dedos en la sien y un suspiro apenas audible, pensó:

...¿Por qué me ando poniendo celoso?

Era un regalo de su papá.

Debería estar feliz por Aurora. Eso significaba que su papá la aceptaba, aunque fuera un poco.

Pero la verdad, le molestaba un poco. Él también tenía buen ojo para escoger joyas.

Había comprado varias piezas para ella, guardadas en la caja fuerte, pero Aurora nunca las aceptaba de buena gana.

Con esfuerzo, Ricardo contuvo sus emociones y sólo respondió:

[—Ajá.]

Aurora le mandó otro mensaje, divertida:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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