El Grupo Rosales, vestíbulo de la planta baja.
Aurora y su representante, Patricia, aún no habían llegado.
Mientras tanto, más de una decena de altos mandos que ocupaban los puestos clave en el Grupo Rosales ya habían bajado, uno tras otro.
Se formaron en dos filas, alineados en el centro del vestíbulo.
Con expresiones de todo tipo, esperaban la llegada de Aurora.
Siendo honestos, esos altos mandos ya no eran más que seguidores incondicionales de César.
En apariencia, todavía guardaban ciertas formas con Aurora.
Al final de cuentas, seguía siendo la única hija del Grupo Rosales.
Era la hija legítima del antiguo presidente.
Pero, en el fondo, ninguno la tomaba en serio.
Para ellos, Aurora no era más que una actriz sin estudios ni preparación.
¿Qué podía saber ella de finanzas?
¿Tendría idea de lo que implica un análisis de migración de préstamos o de riesgos crediticios?
¿Podía entender la guerra comercial internacional actual?
¿Sabría siquiera cuál es la base del cobro de impuestos?
No sabía nada de nada.
Y aun así, se atrevía a presentarse de esa forma para hacerse cargo del Grupo Rosales.
La mayoría de los altos mandos no pensaba tomarla en serio.
Es más, varios temían que terminara llevándose entre las patas al Grupo Rosales.
Por suerte, seguían contando con la presencia de señor Rosales.
Eso les daba cierto respiro, un poco de tranquilidad.
Mientras esperaban, algunos de los más fieles a César no aguantaron las ganas y empezaron a criticarla entre ellos:
[Oigan, ¿ustedes de verdad están de acuerdo en que la señorita vuelva a manejar la empresa? Es solo una actriz, ¿qué puede saber ella de esto?]
[Por supuesto que no, pero la señorita tiene tantas acciones como el señor Rosales, y además cuenta con el respaldo del antiguo presidente, ¿qué podemos decir?]
[Pff, ¿a poco no se dan cuenta? ¿Será que quiere consentir a nuestro señor Rosales y por eso viene a la empresa?] Todos sabían que Aurora siempre había protegido a César, su hermano menor.
Tal vez estos altos mandos pensaban que Aurora solo estaba ahí para cuidar de César.
[Si la señorita solo viene a consentir a nuestro señor Rosales y se queda como presidenta de adorno, pues tampoco es tan grave, ¿no creen?]
[Como adorno no hay bronca, lo malo sería que sí quiera ejercer de verdad. En la última asamblea de accionistas, ustedes no fueron, pero yo sí. La señorita y el señor Rosales apostaron: si ella consigue quedarse con el proyecto de desarrollo de la tierra del norte de la ciudad, que tanto ansía el Grupo Morales, los viejos accionistas la aceptarían y el señor Rosales tendría que entregar su cargo de gerente general.]
Al escuchar que César podría perder el control, los rostros de todos los presentes cambiaron.
Si él renunciaba a su puesto, ¿acaso no sería el fin del Grupo Rosales?
¿De verdad una muchachita como Aurora podría con ese paquete?
¿Pensaba que la empresa era igual de simple que el mundo del espectáculo?
No tenía ni idea, pensaban todos.
La tensión creció entre los altos mandos:
[No, yo me opongo.]
[Yo tampoco quiero que el señor Rosales entregue su puesto.]
[Claro, sin el señor Rosales, la empresa no funciona.]

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