Era la primera vez que Aurora se mostraba vulnerable frente a Ricardo.
Sus ojos brillaban, llenos de lágrimas, y tenía un aire tan frágil que cualquiera se habría conmovido.
Ricardo sintió cómo algo le temblaba en el pecho. Cerró los dedos en un puño y, al instante, los soltó.
Abrió la boca para decir algo.
Pero la enfermera se adelantó:
—Señorita, ya terminamos.
—Pero mire, este masaje para eliminar los gases, lo mejor sería que el señor Morales continúe haciéndolo por usted. Eso ayuda mucho a que los órganos del abdomen se acomoden de nuevo.
Ricardo, que siempre lucía impecable y seguro, se quedó callado un segundo. En su cara, por un instante, se notó cierta incomodidad.
Respondió en voz baja:
—Entendido.
—Y otra cosa —añadió la enfermera mientras guardaba sus cosas—: tenga cuidado con la herida de la cesárea. No la presione, porque podría abrirse y entonces habría riesgo de infección.
Mientras le daba un último masaje suave en el vientre a Aurora, levantó la vista para ver a Ricardo. Ese hombre era tan atractivo, tan alto y con una presencia tan fuerte, que resultaba difícil no quedarse pasmada.
La enfermera lo miró un par de veces y no pudo evitar que se le sonrojara el rostro.
Sin embargo, no se atrevió a sobrepasarse. Después de todo, él era un hombre casado. Su esposa era una celebridad hermosa y deslumbrante.
—Gracias —respondió Ricardo amablemente.
La enfermera ya no los molestó más. Tomó el expediente médico y salió junto con la nana.
...
Ya fuera de la habitación, la enfermera no pudo contener su curiosidad y empezó a platicar con la nana:
—Oiga, ¿no que en internet dicen que el señor Morales y su esposa se llevan pésimo? Que ni él la quiere ni ella a él, y que están juntos solo por compromiso familiar... Dicen que siempre están peleando.
—Pero yo acabo de ver a la señora mirándolo con unos ojos tan tiernos, como esperando algo de él. No parece que se lleven mal, ¿eh?
La nana se encogió de hombros, igual de confundida.
Ella llevaba un mes trabajando en la casa de los Morales, contratada especialmente para cuidar a la señora Aurora.
Durante ese tiempo, había presenciado varias escenas de Aurora perdiendo la paciencia con Ricardo. Una vez, solo porque Ricardo mencionó algo de su hermano —que ni siquiera era de sangre—, Aurora le soltó una bofetada.
Ricardo ni siquiera se defendió; solo le lanzó una mirada fulminante y se fue.
Así que, la verdad, la relación tensa de la pareja no era solo rumor. Todo el mundo lo sabía.

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