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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 10

Auri por fin había entendido las cosas. La abuela, tan emocionada, estuvo a punto de soltar lágrimas de alegría.

Toda la familia Morales ya estaba cansada y harta de ella desde hacía tiempo; si no fuera porque ella y Riqui se aferraban a ese matrimonio, Aurora ya habría firmado el divorcio con Ricardo unas ochocientas veces. Pero la abuela siempre la protegía, todo porque la abuela de Aurora había sido como una hermana para ella, su mejor amiga de toda la vida.

Mientras los demás se alejaban de Aurora, la abuela sentía que tenía que buscarla, cuidarla y nunca dejarla sola. Solo así podía estar en paz con el recuerdo de su vieja amiga.

—Abuela, ya lo pensé bien, de ahora en adelante no voy a hacer más berrinches. Voy a esforzarme para llevarme bien con Riqui —dijo Aurora, su voz suave y contenida—. Al final de cuentas, ya tenemos un hijo.

La abuela asintió, sus ojos llenos de cariño y alivio.

—Sí, ya tienen un hijo, así que deben vivir bien, como familia.

—Abuela, me alegra mucho que puedas entenderme.

La abuela se quedó pensativa un momento, hasta que de pronto se acordó de algo y se disculpó:

—Auri, tu suegro y tu suegra no vinieron. No te molestes con ellos, ¿sí? Luego voy a hablar con ellos para que entiendan. Mira, en esta familia, solo yo sigo apoyándote y cuidándote. Los demás ya no quieren saber nada de ti.

Aurora sabía mejor que nadie la razón. Había cometido demasiados errores. Por ejemplo, en el cumpleaños de su suegra, no sólo no asistió, sino que además gastó un dineral en un yate para celebrar el cumpleaños de su hermano menor. Aquella fiesta fue tan escandalosa que terminó opacando el festejo de la suegra, y hasta apareció como tendencia número uno en Solara. La suegra se enfureció tanto que ni ganas le quedaron de verla. Que su nuera no fuera a la fiesta ya era suficiente, pero que además hiciera una celebración tan ostentosa para un hermano que ni siquiera era de sangre, eso sí que fue la gota que derramó el vaso. La alta sociedad no tardó en convertir a la familia en el hazmerreír.

Así que ¿cómo iba la suegra a querer venir a verla ahora?

Aurora, sintiéndose culpable, no insistió:

—Abuela, no pasa nada. He sido muy inmadura. Si mi papá y mi mamá están molestos y no quieren venir, los entiendo. Prometo que voy a ganarme su confianza y cariño otra vez.

—Eso está bien, hija. Ven, toma un poco de sopa para que te recuperes —dijo la abuela con una sonrisa, y de inmediato le pidió a Helena que le trajera una sopa ligera.

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