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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 99

Elena apretó los puños y contestó con el mismo tono monótono:

—Inhalé demasiado humo en el incendio y me lastimé los pulmones. Me tuvieron que poner suero.

Por un instante, Diego sintió preocupación. Pero al recordar cómo había empujado a Adriana en el hospital, concluyó que últimamente estaba insoportable. Su rostro se endureció de nuevo y decidió que no valía la pena compadecerse de ella.

Para él, Elena se estaba portando como una niña berrinchuda; lo mejor era ignorarla hasta que recapacitara.

Así que, sin molestarse en darle otra mirada, dio media vuelta y caminó hacia la oficina del director Herrera.

A Elena le tuvo sin cuidado que se fuera y simplemente siguió con lo suyo.

Natalia soltó un comentario lleno de sarcasmo:

—Eso se llama karma, por andar de torpe haciendo desastres. Aunque la verdad, un rasguñito no es nada comparado con los millones que perdió el Grupo Vargas. Deberías dar gracias a Dios de que no te demandaron.

Natalia había entrado al equipo como reemplazo porque uno de los miembros del laboratorio del profesor Álvarez tuvo que renunciar por problemas familiares. Llevaba tiempo resentida con Elena.

Todo empezó cuando Elena rechazó una beca de estancia corta en el extranjero por los problemas con su tía. A raíz de eso, el profesor Álvarez eligió directamente a Santiago y a otro compañero para ir, dejando a Natalia fuera de la jugada. Eso la había dejado llena de resentimiento.

Ella, por supuesto, no aceptaba su propia incompetencia; toda la culpa era de Elena. Sentía que Elena la había hecho quedar mal frente al profesor Álvarez en varias ocasiones, provocando que él dudara de sus capacidades.

Como Elena no le hizo caso, Natalia agarró más confianza.

—Dime, Elena, llevas apenas dos días en el Grupo Vargas y ya provocaste semejante desastre. Dejaste al profesor Álvarez en ridículo. Si yo estuviera en tu lugar, me daría vergüenza volver a presentarme aquí.

Elena, harta del ruido, levantó la vista con una mirada gélida.

—Natalia, preocúpate por hacer bien tu trabajo antes de venir a darme lecciones. El incendio sigue bajo investigación y yo tengo la conciencia tranquila. Si no te gusta, es tu problema.

Natalia se quedó con la boca abierta, pálida del coraje.

Como no supo qué contestarle, se volteó refunfuñando, muerta de rabia.

Capítulo 99 1

Capítulo 99 2

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