La principal razón por la que Diego se había esforzado en cultivar esa relación, llenando a Eulalia de regalos costosos y tratándola como una prioridad, era porque esperaba sacar provecho de ella.
Se llevaban bien, tenían buena química en la cama, y ella era una mujer independiente que no le exigía compromisos sentimentales pesados. Estar con ella era bastante cómodo.
Pero su mayor valor radicaba en el apoyo que le podía brindar con el proyecto HSV-121.
Y ahora, ella le decía descaradamente que no podía ayudarlo más.
¿Acaso todo el tiempo y la fortuna que había invertido en ella y en el proyecto basándose en sus promesas se iban a ir a la basura?
Al ver cómo su actitud se tornaba fría e implacable, Eulalia no tardó en darse cuenta de lo que realmente estaba pasando.
Já. Típico de los hombres.
Resultaba que todos los halagos y atenciones no eran solo porque le gustara llevarla a la cama, sino porque planeaba exprimirle hasta la última gota en el ámbito laboral.
Este hombre era egoísta hasta la médula; utilizaba a cada mujer que lo rodeaba hasta sacarles el máximo provecho posible.
Por suerte, ella no era como Elena, que había sacrificado tontamente sus mejores años entregándose por completo a él.
Ni como Adriana, que estaba dispuesta a arruinarse la salud con tal de darle hijos uno tras otro.
De todas formas, para ella esto solo había sido un pasatiempo. Su frialdad no le importaba en lo absoluto.
Sobre todo, sabiendo que en el futuro tendría una herencia gigantesca; no necesitaba rebajarse ni tratar de complacerlo.
Imitando el tono cortante de él, Eulalia respondió con indiferencia:
—Diego, vine a esta cena porque te consideraba mi amigo. Pero viendo la cara que tienes ahora, es obvio que no tienes muchas ganas de compartir la mesa conmigo. Así que me retiro. Después de todo, me sobran hombres rogando por invitarme a cenar.
Sin dudarlo un segundo, tomó su bolso de diseñador y salió del restaurante sin mirar atrás.
Diego jamás imaginó que ella lo humillaría de esa manera frente a todos. Su rostro se oscureció por la furia.
Salió del lugar a pasos agigantados y se subió a su auto.
El chofer le preguntó a dónde se dirigían.
Diego recordó la reciente publicación oficial de Elena y Alejandro anunciando su relación, y sintió un rechazo profundo a la idea de regresar al complejo residencial donde vivía Elena.
Tras un largo silencio, le ordenó al chofer que lo llevara a la villa Romero.

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