Chispa lo miraba con ojos enormes y una expresión de absoluta inocencia, como si dijera: Solo pasaba por aquí, te lo juro.
Florcita, en cambio, observaba a Alejandro con cara de confusión total.
Alejandro se cruzó de brazos y miró a Chispa.
—¿Fuiste tú?
Chispa no hizo ni un sonido, pero levantó una patita y señaló descaradamente en dirección a Florcita.
Alejandro asintió, siguiéndole el juego, y tomó una revista enrollada que estaba cerca.
—¿Así que fue Florcita?
En ese instante, Chispa recordó que él mismo había adoptado a la gatita como si fuera su propia cría. De inmediato, se interpuso, cubriendo a Florcita con su cuerpo en una dramática pose defensiva.
A Alejandro se le escapó una sonrisa y dejó la revista, limitándose a darles un pequeño sermón en tono firme pero divertido.
Elena, muerta de risa por la escena, grabó un video y lo mandó al grupo de WhatsApp que compartía con la abuela Vargas y Sofía.
El nombre del grupo era bastante clásico: Una familia feliz y unida.
La abuela Vargas no tardó en responder tras ver el video:
—¡Qué risa! Alejandro parece que ya estuviera regañando a sus propios hijos. Se nota que va a ser un papá muy involucrado. Es una excelente señal.
Sofía contestó poco después:
—¡Mi hermano es demasiado gracioso! Jamás lo había visto en esta faceta doméstica, jajaja.
Tras guardar el teléfono, Elena se dispuso a ayudar a Alejandro a recoger el desastre.
Pero él se lo impidió categóricamente y le ordenó que fuera a la recámara a descansar.
Elena no tuvo más remedio que obedecer. Tomó a Florcita en brazos y se dirigió a su cuarto; Chispa, sintiéndose culpable por el caos que había armado, las siguió cabizbajo y con la cola entre las patas.
Cuando Elena se recostó en la cama, el perro se acercó, le olfateó la mano para pedirle perdón y luego se echó perezosamente a su lado para tomar una siesta.
Al entrar un rato después, Alejandro la encontró profundamente dormida, apoyada en las almohadas, con el perro y la gata acurrucados junto a ella roncando suavemente.
Era una imagen que destilaba pura paz.
Antes de conocerla, Alejandro nunca le había visto el sentido al matrimonio.
Pero en ese momento, deseó con toda su alma poder congelar esa escena y vivirla todos los días de su vida.
***
Por otro lado, Diego no cabía en sí de la sorpresa al enterarse de que Elena había exigido nada menos que el cinco por ciento de las acciones de la empresa.
Le resultaba incomprensible. La Elena que él conocía nunca había sido materialista, y ahora mostraba una ambición desmedida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico