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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 86

Javier sonrió:

—No sabía que pudieras mostrarte tan dispuesto a ayudar, Alejandro. ¿Cómo es que nunca me había dado cuenta?

Alejandro ignoró sus burlas, tomó su vaso de agua, le dio un trago y le advirtió:

—Si pierdes este caso, tu reputación va a resentirlo. Así que más te vale hacerlo bien.

—No me digas qué hacer. Tú mejor que nadie conoce mis habilidades.

Hasta entonces, Elena siempre había visto a Alejandro como un hombre parco y contenido, así que le sorprendió descubrir esa soltura entre él y Javier.

Al terminar de cenar, Javier dijo:

—Tengo cosas que hacer, me voy. Alejandro, si no estás muy ocupado, lleva a la señorita Navarro a su casa.

Alejandro miró a Elena.

—Señorita Navarro, vámonos.

Elena se quedó inmóvil un instante, pero al ver que él ya avanzaba hacia la salida, se apresuró a seguirlo.

Una vez en el coche, Elena recordó que había dejado algunas cosas en casa de Diego y que tenía que ir por ellas, así que dio esa dirección.

Al escucharla, Alejandro frunció el ceño.

—¿Aún vive en su casa, señorita Navarro?

Bien podría no haberle dado explicaciones, pero le respondió con seriedad:

—Había vuelto a vivir ahí porque él prometió ayudar a mi tía con su demanda. Ahora que ya no quiero su ayuda, tampoco regresaré a vivir ahí. Solo voy de pasada para recoger unas cosas.

Alejandro asintió y no dijo más. Le indicó al chofer que arrancara.

El chofer pensó para sí mismo: «El señor Vargas no suele interesarse en la vida privada de nadie. ¿Por qué la situación de la señorita Navarro le llama tanto la atención?»

El coche se detuvo frente a la residencia.

Elena tomó su bolsa y se preparó para abrir la puerta y bajar.

De pronto, sintió un fuerte mareo y su cuerpo se fue hacia atrás.

Alejandro estiró el brazo y la sostuvo por los hombros.

La cercanía fue tan repentina que Elena alcanzó a percibir el aroma sobrio de su loción antes de recuperar el equilibrio.

Un calor inesperado le trepó por el rostro y solo alcanzó a murmurar, casi en voz baja:

—Gracias.

Él la soltó como todo un caballero y preguntó:

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