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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 80

A causa de su embarazo, una oleada repentina de náusea obligó a Elena a detenerse. Abrió el refrigerador buscando alguna mandarina o ciruelas para calmar el malestar.

En ese momento, se escuchó el sonido electrónico de la chapa de la entrada e Isabela entró con su bolsa en mano.

Al ver a Elena allí, esbozó una sonrisa burlona.

—Y yo que pensaba que por fin ibas a trabajar en serio en la empresa, pero mira: no duraste ni unos días.

Elena bajó la mirada y no le contestó. Simplemente sacó una naranja del refrigerador con la intención de prepararse un jugo.

Isabela había ido para recoger un juguete que su hijo había dejado olvidado. Al notar la actitud indiferente de Elena, le dio más coraje:

—¿Qué haces ahí parada? Prepárame un té.

Elena ni se inmutó. No tenía ganas de lidiar con ella, así que dio media vuelta para irse a su cuarto.

Viendo que la ignoraba, Isabela la agarró del brazo:

—¿Qué te pasa? Soy la hermana de Diego, ¿tanto te cuesta hacerme un favor? ¡No se te olvide que tragas gracias a la familia Romero!

Diego salió del estudio justo a tiempo para escuchar lo que dijo y frunció el ceño.

—Isabela, no le hables así a Elena.

Isabela le soltó el brazo de mala gana y resopló:

—Sí, ya lo sé. A tu princesita no se le puede decir nada porque enseguida sales a defenderla.

A Elena se le revolvió el estómago. Sintió otra fuerte oleada de náuseas y, sin poder contenerse, se tapó la boca y salió corriendo al baño a vomitar.

Apenas terminó de enjuagarse la boca y salió, notó que Isabela la miraba con los ojos entrecerrados. Un sobresalto le tensó todo el cuerpo.

Isabela, que ya tenía experiencia en el tema, le soltó la pregunta al instante:

—¿No me digas que estás embarazada?

Diego la miró de inmediato.

—¿Quieres que vayamos a checarte al hospital?

Elena se clavó las uñas en las palmas para mantenerse tranquila y forzó una sonrisa:

—Ay, por favor, ¿cómo se te ocurre? Tú mejor que nadie sabes cuál es mi situación. Últimamente he tenido el estómago muy sensible; por eso me sentí mal.

Isabela torció la boca.

—Sí, claro. Con la condición que tienes, si hubieras podido embarazarte, ya lo habrías hecho hace mucho.

Capítulo 80 1

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