Diego fue al baño de la recámara principal a bañarse. Al salir, se acercó al tocador para tomar la secadora de pelo y, sin querer, golpeó la bolsa de Elena.
La bolsa cayó al piso y las cosas se esparcieron.
Diego se agachó para recogerlas y, de pronto, vio un reloj de pulsera para hombre, elegante y muy fino.
Él sabía de relojes y notó de inmediato que esa pieza tenía un alto valor de colección; solo alguien de mucho poder adquisitivo podría comprarlo. Era imposible que Elena tuviera los contactos para llegar a un vendedor así.
Por lo tanto, ese reloj era de otro hombre.
Frunció el ceño y la rabia le tensó de inmediato todo el cuerpo.
Con razón Elena llevaba días mostrándose distante, fría y cada vez menos dispuesta a tolerarlo.
Era obvio que tenía a otro pretendiente.
Elena terminó de tomarse su jugo y, al entrar a la recámara, se topó con el rostro furioso de Diego.
Cuando vio el reloj en su mano, se acercó de inmediato para intentar arrebatárselo.
Diego apretó el reloj y le reclamó:
—¿De quién es este reloj?
—No te importa —respondió Elena con frialdad.
—Elena, no confundas mi paciencia contigo con permiso para verme la cara. Si estás jugando conmigo, te aseguro que no te va a salir gratis.
Le apretó la muñeca con una violencia que la hizo palidecer al instante.
Elena palideció por el dolor; de por sí ya se sentía mal por las náuseas del embarazo, y esto solo empeoraba las cosas.
Apretó los dientes y dijo:
—Suéltame. Ni siquiera conozco bien al dueño de este reloj. Además, mi intención era devolvérselo.
Diego resopló, le soltó la mano y le advirtió con voz helada:
—No olvides tu lugar.
Dejó el reloj sobre la mesa; ya se le habían quitado por completo las ganas de estar con ella.
Elena se sobó la muñeca y, al verlo tan enojado, soltó una risita.
Le pedía que no olvidara su lugar.
¿Con qué cara venía ahora a exigirle nada?
Ella no era más que la falsa señora Romero, ¿acaso esperaba que le guardara fidelidad absoluta?
Elena no se contuvo y le dijo:
—Haces un drama por un simple reloj, ¿pero qué hay de ti y Adriana? Se la pasan coqueteando en mis narices, ¿crees que soy idiota y no me doy cuenta?


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