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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 651

Cuando Eulalia recuperó la conciencia, sintió que un martillo le destrozaba el cráneo. Las maniobras de reanimación cardiopulmonar le habían dejado el pecho adolorido, como si tuviera las costillas hechas polvo, y al tragar saliva sentía que pasaba cuchillas oxidadas por su garganta.

La enfermera privada que Hugo había contratado notó que abrió los ojos y fue rápido a buscar al médico de turno.

Tras una revisión de rutina, la enfermera se cruzó de brazos y le soltó el recado:

—El director Valiente dejó instrucciones claras. Por ningún motivo debe contarle a la señora Bianca sobre su incidente en la piscina. Si ella pregunta, dígale que salió de viaje de negocios. Además, el señor advirtió que debe dejar el alcohol por completo, o le cortará sus bonos mensuales de tajo.

Eulalia rodó los ojos, restándole importancia.

¿Qué le importaban unos miserables bonos cuando estaba a punto de heredar las acciones multimillonarias de Bianca? Aun así, su cuerpo estaba tan destrozado que sabía que tendría que mantenerse alejada de la bebida por su propio bien, al menos por un tiempo.

Intentó forzar su mente para recordar cómo había terminado en el agua, pero el dolor punzante en la cabeza la obligó a rendirse.

Mientras tanto, Elena recibía el reporte de Bruno: Eulalia había estado a segundos de morir ahogada antes de ser rescatada y llevada a urgencias.

—¿Fue orden de Alejandro? —preguntó Elena.

Bruno asintió con una expresión neutral.

—Fue un trabajo impecable. Aunque el director Valiente o la propia Eulalia intenten remover cielo y tierra, no encontrarán ni una sola prueba. Todo quedó catalogado como un simple accidente de borracha.

Elena no sintió un ápice de culpa; de hecho, pensó que el karma había sido demasiado benevolente con Eulalia.

Llegó el día en que la pequeña Ariadna debía cambiar sus vendajes. Como Carmen no podía dejar el salón de belleza, Elena y Alejandro pidieron permiso en el trabajo para acompañarla.

Desde el accidente, la niña había desarrollado un pavor evidente a los autos.

Para tranquilizarla, Elena y Alejandro la tomaron de las manos, caminando a su lado para transmitirle seguridad.

En el consultorio, Ariadna se portó como una campeona. Apretó los dientes y soportó el dolor sin derramar una lágrima.

A Elena se le encogió el corazón al ver su valentía, y le entregó un puñado de sus dulces favoritos apenas el médico terminó.

—Eres una niña muy fuerte —le dijo acariciándole el cabello—. Prometo que este fin de semana te llevaremos al acuario para ver a los tiburones.

Ariadna, a pesar de las punzadas en su brazo, asintió con una sonrisa genuina.

—Yo conozco un restaurante temático para niños aquí cerca —intervino Alejandro—. Si comemos todo, nos regalan un juguete sorpresa.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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