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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 650

Para Hugo, mientras Eulalia llevara el título de su hija, ella era intocable. El mundo podía arder antes de que él permitiera que su reputación se manchara.

Eulalia exhaló aliviada, sabiendo que tenía un escudo blindado protegiéndola.

Una vez que le enyesaron el brazo a la pequeña Ariadna, Elena acompañó a su tía de regreso a casa.

Carmen seguía echando humo.

—¡Esa mujer es un peligro andante, Elena! Te apuesto lo que quieras a que no es la primera vez que maneja borracha. Si se sale con la suya, alguien va a terminar muerto.

—Tranquila, tía. Ya hice la denuncia. Esa calle está llena de cámaras de seguridad, no tiene por dónde escapar —aseguró Elena.

Sin embargo, apenas cruzó la puerta de su apartamento, recibió una llamada de la estación de policía.

Le informaron que acababan de tomarle la declaración a Eulalia y le habían practicado la prueba de alcoholemia, pero el resultado fue cero. Peor aún, los peritos concluyeron que, según los videos, no había pruebas contundentes de exceso de velocidad.

Sin evidencia de manejo peligroso, el caso no podía proceder por la vía penal. Eulalia ya estaba libre, descansando en su casa.

Una ola de indignación hirvió en la sangre de Elena.

Era evidente que el director Valiente había movido sus hilos y comprado el tiempo suficiente para que el alcohol desapareciera de su sistema.

Frustrada, llamó a Javier para evaluar sus opciones.

—Javier, si llevamos esto a un tribunal civil, ¿qué probabilidades hay de hundirla?

Javier fue brutalmente honesto.

—Al no haber registro de alcoholemia, la fiscalía no lo tomará como conducción temeraria. Sumado a eso, las lesiones de la niña no se consideran gravísimas a nivel legal. Lo más probable es que un juez solo la obligue a pagar una multa por responsabilidad civil. Olvídate de meterla a la cárcel, Elena.

Ella apretó los labios hasta que se le pusieron blancos.

¿De verdad esa mujer iba a salirse con la suya tan fácilmente?

Cuando Alejandro llegó y notó la tensión en los hombros de su esposa, le preguntó qué había ocurrido.

Elena le contó todo, con la voz temblando de rabia.

—¡Ariadna es solo una niña! Verla sufrir por culpa de la irresponsabilidad de Eulalia... y que esa tipa se ría en nuestras caras gracias al maldito dinero de Hugo... Me hierve la sangre, Alejandro. No es justo.

Alejandro la escuchó en silencio, sus ojos oscureciéndose con frialdad.

—La justicia legal no la alcanzará hoy, es cierto. Pero conozco otras formas de hacer que pague. Te prometo que te vas a sentir mucho mejor.

—¿Qué piensas hacer?

Alejandro le dio una sonrisa enigmática.

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