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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 45

«Tal como Julia esperaba, pasó la fase preliminar sin problemas. En el momento en que se publicó la lista, ella estaba comiendo en un puesto callejero con Valeria Luján.

—¡Salud! Por tu clasificación.

La joven frente a ella no llevaba maquillaje y tenía el cabello recogido de forma descuidada. Llevaba una camiseta holgada que le daba un aire de absoluta relajación. A pesar de ser una joven de alta sociedad, le encantaba comer en la calle.

Al ver el vaso que le ofrecía, Julia sonrió nerviosa y tomó discretamente un refresco.

Después del terrible dolor de cabeza de la última vez, se juró a sí misma que jamás volvería a pasarse de copas.

Valeria notó la bebida en sus manos y la miró con cierta desaprobación. Sin embargo, al recordar la cara de témpano de hielo de German, cedió y chocó su vaso con el de ella.

—Espero que consigas lo que deseas en este certamen y lleves a Aura Sempiterna a lo más alto.

—Gracias —agradeció Julia con una sonrisa.

El refresco frío le resbaló por la garganta, haciéndola soltar un respingo.

Pasaba los días corriendo de un lado a otro, hacía mucho que no se sentaba a disfrutar de una comida tan cotidiana y sin pretensiones.

De niña, su padre los llevaba a comer brochetas asadas a la entrada del barrio. La carne, en su punto perfecto de grasa, crujía sobre las brasas y, al morderla, todos los problemas desaparecían.

Mientras usaba los cubiertos para sacar los trozos de carne, escuchaba a Valeria quejarse de su padre.

Siempre eran las mismas historias: le reprochaba que no hacía nada con su vida, le organizaba citas a ciegas con tipos insufribles o despotricaba sobre la madrastra y la hermanastra de turno.

Con una sonrisa, Julia le ofreció su porción de carne, mientras retiraba el plato vacío y lo reemplazaba con uno lleno.

—De verdad, no te imaginas lo injusto que es ese viejo. ¡Hasta a la tonta de Bianca Luján la metió en el departamento creativo! A veces pienso que al viejo le falta oxígeno en el cerebro.

»Y ni hablemos del tipo con el que me quiso emparejar la semana pasada, tan estirado y remilgoso. Dudé seriamente de sus preferencias.

»¿Cuánto tiempo crees que le quede a Bernardo Luján?

Julia la escuchaba con atención, hasta que, al levantar la vista, una figura le llamó la atención a lo lejos.

¿Sofía Santana?

Vestía ropa deportiva y acababa de bajar de un auto. Aunque llevaba una gorra para ocultar su rostro, Julia la reconoció al instante.

La vio sacar una bolsa del maletero, mirar a los lados con cautela y entrar en un edificio de apartamentos comunes.

Capítulo 45 1

Capítulo 45 2

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