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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 163

Julia le puso un trozo de cebolla en la mano y se giró para revisar la olla en la estufa.

—Bájale a tus fantasías. Ahorita no tengo cabeza para esas cosas, no me andes buscando parejas.

—Primero está mi carrera; cuando tenga dinero, los hombres sobrarán.

Diana la siguió, usando un tono meloso.

—Ay, ándale, dime. Si los dos se cayeran al río, ¿a quién salvarías?

Julia torció el gesto.

—A ninguno. Que se ahoguen los dos.

Diana se apoyó en la barra de la cocina, mirándola divertida.

—A mí me parece que el doctor Rafael es un partidazo. Míralo estos días que estuviste en el hospital, siempre al pendiente y visitándote a la misma hora sin falta. —Se acercó un poco más, alzando las cejas—. Además, la maestra Patricia te adora y su ambiente familiar es súper sano. No tendrías ningún problema de suegra.

—Gracias, pero no.

Julia forzó una sonrisa.

—Mejor ocúpate de tu propia vida amorosa, señorita Estévez.

—Uy, qué genio.

Al ver que Julia no quería seguirle el juego, Diana chasqueó la lengua y volvió a pelar cebollas obedientemente.

El timbre sonó. Julia se secó las manos, pensando que tal vez era Adrián o la maestra Patricia.

Al abrir, se encontró con el rostro anguloso de German Zamora.

—¿German?

—Sí.

Lo miró de arriba abajo.

—¿A qué viniste?

«¿Acaso se arrepintió de dejarme vivir aquí y viene a quitarme el apartamento?»

Al verla tan a la defensiva, German alzó unas llaves.

—Olvidé darte la llave de la caja fuerte del estudio. Y para cambiar la contraseña del candado electrónico necesitas mi huella.

Julia asintió y, aunque no de muy buena gana, se apartó para dejarlo pasar.

German entró.

Cuando Diana se dio la vuelta y lo vio, la sorpresa fue evidente, pero por pura cortesía lo saludó. El hombre asintió levemente y se dirigió al estudio.

Julia cerró la puerta y entró detrás de él. Diana le hizo señas exageradas preguntando qué pasaba.

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