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Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 210

La voz de la mujer sonó apagada, casi ahogada.

—Fidel, me mentiste otra vez.

Fidel miró la silueta delgada sobre la cama. Después de una pausa, soltó:

—Descansa, ¿sí?

Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y salió del cuarto.

La puerta se abrió y cerró, llevándose consigo ese aroma a cedro que flotaba en el aire. Poco a poco, el olor se fue disipando, dejando el ambiente cada vez más vacío.

Al poco rato, desde abajo, se escuchó el sonido de un carro arrancando. Las luces pasaron por la ventana del segundo piso, iluminando el dormitorio apenas por un segundo antes de que la oscuridad lo cubriera de nuevo.

Candela se incorporó lentamente y se dirigió a la ventana.

Se apoyó en la baranda del balcón, observando cómo el carro de Fidel se alejaba, hasta que desapareció por completo al final de la calle. Se quedó allí, inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido junto a ella. Solamente una ráfaga de viento helado la hizo reaccionar; un escalofrío la recorrió y se abrazó a sí misma.

El cielo ya no estaba tan oscuro; al fondo, el primer tono gris del amanecer empezaba a asomar.

Candela regresó a la habitación y marcó un número en su celular.

—Fidel ya se fue. Puedes averiguar dónde está Zaira ahora. Seguro fue a buscarla.

Al otro lado de la línea, Genaro Arroyo miró la hora en su teléfono.

—¿Sabes qué hora es? Tu esposo sale de madrugada a ver a otra mujer y quieres que yo vaya a descubrirlo. ¿No crees que es demasiado?

Apenas terminó de hablar, la mujer que dormía a su lado se removió, incómoda por el ruido, y lanzó una queja ahogada.

Genaro, burlón, le pellizcó la cintura, provocando una risita suave y adormilada.

Candela escuchó el alboroto y no pudo evitar soltar una maldición para sí.

—¿De verdad crees que con ese cerebro tuyo puedes superar a Fidel? —reviró, cortante—. ¿No que va a lanzar su nueva colección de joyas para el aniversario de bodas? Si el día de la presentación se descubre que estuvo con su ex durante la madrugada, ahí tienes tu oportunidad.

Genaro abrazó con más fuerza a la mujer que tenía junto a él y soltó un suspiro largo.

—Vaya, vaya, sí que eres venenosa, Candela.

—Tú decides si vas o no —soltó ella sin más.

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