Fidel recibió el mensaje que Candela le había enviado.
Al ver la captura de pantalla del chat, por fin entendió por qué Candela estaba tan enojada.
¡Era Zaira!
Zaira le había mandado a Candela aquella foto del cumpleaños, y la fecha en la imagen coincidía justo con el día en que Candela había sufrido la hemorragia y perdido al bebé.
No era de extrañar…
Fidel se quedó mirando la fecha en la foto, imaginando cuánto debió dolerle a Candela ver esa imagen justo ahora.
En todos estos años, era la primera vez que sentía un verdadero desagrado hacia Zaira.
Y su arrepentimiento crecía. No debió haberle contado a Zaira nada de aquello.
Pensó que, siendo mujeres ambas, Zaira entendería el dolor de Candela, que comprendería la culpa que él sentía hacia Candela, que sería capaz de dejar atrás sus obsesiones.
Jamás se imaginó que Zaira usaría ese asunto para lastimar a Candela.
Apretó el celular en la mano, con el pulgar suspendido sobre el teclado, queriendo escribirle algo a Candela. Pero enseguida comprendió que, frente a una herida así, cualquier palabra sonaba vacía y sin sentido.
En vez de escribirle, marcó otro número y dio instrucciones para que enviaran a Zaira de inmediato de regreso a Ciudad Solsticio.
Por los viejos tiempos, no quería avergonzarla ni armarle una escena.
Solo esperaba que, al devolverla a Ciudad Solsticio, Zaira entendiera bien su postura y, en adelante, supiera comportarse.
En cuanto a Candela...
Fidel volvió a mirar la foto en la pantalla del celular.
Sabía que Candela, en ese momento, no querría escuchar ninguna explicación de su parte.
Y también intuía, más o menos, lo que Candela quería ahora.
De pronto, una ráfaga de viento levantó las hojas secas del patio, haciéndolas girar en remolinos por el suelo.
Un sentimiento de tristeza profunda le recorrió el pecho.
Candela ya no lo veía con el mismo cariño de antes.
Incluso aquel hijo que habían perdido, ahora Candela lo usaba como un arma.
Debería sentirse furioso, debería enojarse porque Candela también empezaba a actuar de modo calculador con él. Pero, en el fondo, sentía cierto alivio.

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