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Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 189

Fidel pasó toda la noche trabajando, hasta que por fin logró reparar aquella pieza de cerámica.

Nunca antes había hecho algo así, y ahora entendía lo complicado que era ensamblar cada fragmento. Juntar pedazos que parecían imposibles de unir le exigió una paciencia que nunca pensó tener.

Sin embargo, las grietas permanecían, visibles como cicatrices que no se podían borrar.

Zaira le dijo que haberla dejado así ya era un logro.

Recordaba que en la última exposición de cerámica, Candela había mostrado un video en el que restauraba una pieza tan bien que nadie podía notar siquiera una señal de la ruptura.

Zaira, al escuchar a Fidel elogiar a Candela, dejó ver un destello de tristeza en sus ojos, aunque lo ocultó enseguida tras una sonrisa.

—Nosotras, tanto la Srta. Candela como yo, nos dedicamos profesionalmente a restaurar porcelana antigua. Tú, siendo la primera vez que intentas algo así, lo hiciste bastante bien.

Zaira tomó la figura de cerámica entre sus manos, dispuesta a examinarla más de cerca, pero Fidel se la quitó enseguida.

—Ya te quité toda la noche, no quiero molestarte más. Descansa. Cuando regrese a Ciudad Solsticio, te agradeceré como se debe.

No esperó respuesta. Agarró su chamarra de la silla y salió del café.

Sí, toda la noche habían estado en ese café. A pesar de que la habitación de Zaira estaba justo arriba, él prefirió no subir con ella.

Zaira observó la silueta de Fidel alejándose, sintiendo una mezcla de emociones difíciles de describir.

¡Se había mostrado tan obvia! ¿Fidel de verdad no entendía lo que sentía por él?

O quizás… lo sabía desde siempre, pero por Candela, prefería ignorar sus propios sentimientos y esforzarse por seguir con Candela.

Así era Fidel. Demasiado noble, demasiado bueno.

Pensando en eso, Zaira abrió el chat en su celular. Vio la foto que mandó la noche anterior; ya marcaba “leído”.

En sus labios apareció una sonrisa ladeada.

Si Fidel era de corazón blando, entonces ella sería la mala de la historia.

...

Cuando Fidel volvió a casa de la familia Salinas, encontró a Candela lista para salir.

Su hermano había encontrado un local de más de trescientos metros cuadrados; no era grande, pero tenía una ubicación excelente, justo al lado del Centro de Arte Infantil Nueva Arcadia.

Candela iba a ir a verlo primero.

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