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Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 184

—De esto sí tengo que llamarte la atención, hija —aventó Liliana, con ese tono de madre que no acepta pretextos—. Cuando decidiste casarte con Fidel, ya sabías cómo era la situación. ¿Ahora por esto piensas en divorciarte?

—Y eso de que ‘te fue infiel’... —negó con la cabeza, molesta—. Decir esas cosas solo lastima más los sentimientos.

Al notar el gesto de Candela, Liliana se dio cuenta que había sonado demasiado dura. Bajó la voz, tratando de suavizar el ambiente.

—Candela, piénsalo bien. Ayer todavía me decías que siempre te había gustado Fidel. ¿Ahora por una cosa así de pequeña ya quieres separarte?

Candela miró a su madre, sintiendo cómo el cansancio se le colaba hasta los huesos. Había creído que, después de la visita de Zaira, su mamá entendería que su matrimonio estaba hecho pedazos desde hace tiempo. Pero para su mamá, todo seguía siendo un asunto sin importancia.

En ese momento, Candela se arrepintió de haber protegido tanto a su mamá, de que siempre la hubiera mantenido en una burbuja, pensando que el mundo era sencillo. Respiró hondo y decidió que ya era hora de que supiera todo.

—Mamá, muchas cosas no son como tú las ves.

—Sí, yo misma admito que antes me gustaba Fidel. Pero ponte a pensar: si antes yo estaba feliz de casarme con él, y ahora, después de cinco años, tomé la decisión de divorciarme... ¿no crees que si hubiera estado bien, no lo haría?

Liliana guardó silencio. El corazón de madre no se equivoca; sabía que algo iba mal, aunque no quisiera aceptarlo. Pero en el fondo, lo único que no quería era que su hija terminara divorciada. Sentía que una mujer divorciada era una mujer que perdió. Y no soportaba que Candela fuera vista así, como alguien derrotada por la vida.

Candela tomó un pañuelo y le limpió las lágrimas a su mamá, mientras Liliana, conmovida, le acarició la mano.

—Candela, yo solo quiero que estés bien —susurró, con pesar—. Y también me gustaría que tú y Fidel se dieran otra oportunidad. Lo he visto... él con su ex esposa es muy distante, ustedes...

—¡Mamá! —la interrumpió Candela, con voz firme—. Zaira solo fue el detonante. El verdadero problema ha sido Fidel.

—Desde el principio, él nunca me amó.

Al decirlo, Candela lo sintió como una verdad antigua, tan asimilada en su interior que ya no le dolía. Era solo un hecho.

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