Marcos le hizo una seña al estudiante para que continuara.
El chico tomó el micrófono que le entregó el personal y preguntó:
—Profesor Marcos, hace tiempo leí una tesis donde aseguraban haber encontrado un método para restaurar la cerámica al cien por ciento. ¿Usted aceptaría a un estudiante así?
Entre el público comenzaron a escucharse murmullos.
En realidad, lo que Marcos había estado discutiendo hasta ese momento era un tema ético dentro del campo de la restauración de artefactos históricos. Sin embargo, con los avances tecnológicos, las controversias al respecto se habían vuelto cada vez más intensas.
Justo hoy, el profesor Marcos había recalcado ese punto y ahora, este estudiante señalaba que alguien había publicado una investigación desafiando abiertamente ese principio.
Si el autor de esa tesis se encontraba presente, seguramente estaría pasando un muy mal rato.
Tras dejar claro que, sin importar cuán hábil fuera la técnica de restauración de alguien, él mantendría siempre el principio de reversibilidad y jamás aceptaría a un estudiante que lo ignorara, el profesor Marcos escuchó cómo el estudiante revelaba el nombre del autor de la polémica tesis.
—Profesor Marcos, la persona de la que hablo es, precisamente, Candela, la que estaba sentada a su lado hace un momento.
En realidad, también quería preguntar: ¿por qué está aquí Candela? Hasta donde sé, ella ni siquiera aprobó el examen de ingreso al doctorado de este año.
Candela, que conversaba animadamente con uno de los profesores a su lado acerca del modelo teórico de "restauración en cuatro fases", se giró sorprendida al escuchar su nombre.
No reconocía a quien la había mencionado.
Pero, ahora que la habían señalado, no podía fingir que no había pasado nada.
Se puso de pie, dispuesta a aclarar la situación, pero antes de que pudiera decir algo, uno de los organizadores del foro se adelantó para dar una explicación:
—Ella es la esposa del presidente de Grupo Arroyo, el principal patrocinador de este foro, la señora Candela.
La explicación sonó lógica por fuera, pero quienes habían puesto en duda la tesis de Candela no dejaron pasar la oportunidad. Si antes ya se cuestionaba su trabajo académico, ahora la presentaban oficialmente como patrocinadora.
Tal como era de esperarse, apenas el organizador terminó de hablar, el joven que había hecho la pregunta soltó, con una voz cargada de ironía:
—Ah, con que es la esposa del dueño de Grupo Arroyo. Así cualquiera puede escribir la tesis que quiera, total, no va a afectar la investigación académica. Que se divierta, ¿no?
Tras decir eso, devolvió el micrófono y, al sentarse, murmuró a su compañero:
—Así que vino a conseguir su título de doctora por conexiones. Nosotros somos los que nos tomamos todo demasiado en serio.

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