Cuando comenzó el foro, Candela siguió a varios profesores hacia el área principal.
Sabía bien que, como alumna del profesor Marcos, debía sentarse junto a sus hermanos y hermanas de generación.
De hecho, el propio profesor Marcos ya se lo había presentado antes.
Al llegar a las últimas filas del auditorio, Candela se despidió de los profesores.
—Profesores, iré a buscar a mi hermana. Más tarde, les prometo que voy a poner mucha atención y aprender todo lo que pueda de sus charlas.
El profesor Marcos asintió, con una media sonrisa.
—Anda, ve. Pero te advierto, tus hermanos no dan una, son bien despistados. No les hagas mucho caso y no te dejes convencer tan fácil, no vayas a salir igual de despistada que ellos.
Candela sabía que el comentario era en tono de broma. Sonrió, asegurando que ni de broma, y se dio la vuelta para marcharse.
Justo en ese momento, otro de los profesores la llamó.
—Candela, estuve buscando en internet y ya me enteré de que eres subastadora. Hasta vi que las piezas que pasan por tus manos siempre logran precios altísimos. Hoy hay varias piezas de cerámica que son préstamos de coleccionistas privados. ¿Por qué no vienes conmigo a sentarte adelante y me cuentas el valor de colección que tienen?
El profesor se acomodó los lentes con cierto apuro, y continuó:
—Mira, yo para restaurar cerámica soy bueno, pero si me preguntas por el mercado o el valor de colección, ya no es lo mío. En cambio, tú eres experta. Aprovecha hoy y pláticame bien de eso.
Candela se quedó sorprendida. Frente a ella estaba el mismísimo profesor Elías Aranda, una leyenda en restauración de cerámica.
—¡Ay, profesor Elías, ni diga eso! Yo...
Candela no alcanzó a terminar la frase porque el profesor Marcos la interrumpió.
—Si Elías te lo está pidiendo, aprovecha y lúcete frente a estos viejos. Así me das chance de presumir que tengo una alumna tan brillante, ¡que se mueran de la envidia!
Dicho eso, ya iba encaminando a Candela hacia las primeras filas.
Ella dudaba un poco, sentía que no era lo más apropiado, pero con el mismo profesor Marcos animándola, rechazar la invitación sería descortés.
—Entonces, ahí me tienen, presumiendo lo poco que sé delante de ustedes. Si me equivoco, por favor, no duden en corregirme.

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