Fiona pensó en alcanzarlos, pero Samuel se subió directamente a su coche y se fue a toda velocidad.
En ese momento, Esteban se dio la vuelta y sus miradas se cruzaron.
Desde donde estaba, Esteban podía ver claramente que Fiona llevaba una bolsa en la mano.
Debía de acabar de salir de la joyería. Al ver la bolsa, entrecerró los ojos instintivamente.
Fiona se quedó quieta, viendo cómo él caminaba paso a paso hacia ella.
El hombre se detuvo frente a ella con el rostro ligeramente sombrío.
—¿Qué haces aquí?
Esteban la miró con curiosidad.
Fiona sacudió la bolsa que traía en la mano: —¿A qué más vendría aquí si no es a comprar?
—Pero según entiendo, desde que estás con mi tío, él te compra todo lo que quieres. ¿Necesitas venir tú misma a comprar estas cosas?
Esteban la miraba desconcertado, con un brillo de curiosidad en los ojos.
Fiona curvó los labios en una leve sonrisa: —¿Acaso no puede ser que le haya comprado algo a él?
Al escuchar esto, el rostro del hombre frente a ella se oscureció por completo.
Fue como recibir un golpe brutal; sintió un frío helado en el corazón.
Al ver que él no decía nada, Fiona abrió la puerta de su coche y se marchó sin más.
Esteban vio el auto alejarse, sintiendo un malestar indescriptible.
Lo más probable es que, apareciendo en un lugar así a esta hora, le hubiera comprado un anillo a Samuel.
No sabía por qué, pero en cuanto ese pensamiento cruzó por su mente, se sintió fatal.
Al llegar a la clínica, Fiona se sumergió en el trabajo.
Al ver esa expresión, Abraham no se atrevió a decir ni una palabra más y asintió rápidamente: —Entendido, jefe. Le avisaré de inmediato para reprogramar.
Samuel asintió levemente y no dijo más.
Cuando se quedó solo, el hombre apartó la vista.
Las comisuras de sus labios se curvaron involuntariamente en una leve sonrisa, una alegría que ya no podía ocultar.
Hacía mucho que no salían a cenar solos. Aunque seguía enojado, la idea de ir a cenar con ella lo ponía contento sin razón aparente.
Al atardecer, Fiona salió temprano del trabajo y condujo directamente al restaurante.
Para su sorpresa, cuando llegó, Samuel ya la estaba esperando adentro.
Fiona caminó hacia él con paso ligero, llevando el anillo que le había comprado.
Temiendo que él lo notara antes de tiempo, había cambiado la bolsa de la joyería por una normal.

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