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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 937

Esa noche, Fiona esperó y esperó, pero Samuel no regresó.

Lo llamó al celular, pero estaba apagado.

Al final, Fiona dejó de esperar y decidió irse a dormir.

No supo cuánto tiempo pasó hasta que escuchó vagamente el ruido de la puerta abriéndose. El sonido la despertó por completo.

Abrió los ojos adormilados y vio al hombre entrar tambaleándose.

Era Samuel.

Parecía haber bebido bastante; emanaba un fuerte olor a alcohol.

Incluso desde el otro lado de la cama, podía olerlo.

Fiona se destapó, se levantó con cuidado, se acercó y se puso en cuclillas a su lado, preguntando en voz baja: —¿Tomaste?

Samuel estaba recostado en el sofá, mirándola en silencio.

En el fondo de sus ojos había una frialdad que asustaba.

Ver esa expresión en él le provocó a Fiona un malestar indescriptible.

Samuel le apartó la mano de un manotazo y se dirigió al baño.

Al parecer, seguía enojado...

Ella quiso seguirlo, pero el hombre cerró la puerta de un golpe.

Miró la puerta cerrada con el corazón encogido.

Quería esperar a que saliera, pero el sueño la venció y terminó recostándose en la cama, cayendo profundamente dormida.

Entre sueños, le pareció sentir unos brazos grandes que la abrazaban.

Sintió un toque cálido en los labios.

Pero fue solo un instante...

Tras pensarlo un momento, dio la vuelta y entró a la joyería.

Apenas cruzó la puerta, un empleado se acercó para preguntarle qué necesitaba.

Ella solía tomar la mano de Samuel a menudo, así que conocía el tamaño de sus dedos.

Eligió un modelo, dio la medida y resultó que tenían el anillo adecuado.

—Me llevo este.

—Perfecto, se lo envuelvo ahora mismo —dijo el empleado con alegría.

Fiona salió de la tienda con la bolsa en la mano.

Al llegar a la puerta, vio dos figuras familiares en la acera de enfrente.

Eran Samuel y Esteban.

¿Qué hacían ellos dos ahí?

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