Al ver llegar a Fiona, la mirada de Samuel se posó de inmediato en la bolsa que ella traía en la mano.
Lo pensó un momento, pero la curiosidad pudo más y terminó preguntando:
—¿Qué compraste?
Probablemente fue por pura curiosidad; aunque seguía molesto, no pudo evitar expresar la duda que le rondaba la cabeza.
Fiona curvó los labios en una sonrisa sutil.
—¿Por qué no tratas de adivinar?
Samuel frunció el ceño ligeramente.
—¿Y yo cómo voy a saber? ¿Acaso es algo para mí?
—Ajá. —Fiona dejó la bolsa sobre la mesa—. Así que adivina, a ver si das con lo que es...
Con una sonrisa enigmática en los labios, se quedó mirando fijamente al hombre frente a ella.
La curiosidad en los ojos de Samuel se intensificó de golpe, pero al final negó con la cabeza.
—No tengo idea.
Fiona tomó la bolsa y sacó el estuche del anillo.
Desde el ángulo de Samuel, no podía ver claramente qué tenía en las manos, solo alcanzaba a distinguir que estaba desempaquetando algo.
¿Qué era eso que requería tanto misterio?
Al ver que ella se tardaba en revelar la sorpresa, Samuel se levantó de la silla.
—Voy al baño.
Al ver que el hombre se levantaba, Fiona se apresuró a seguirlo.
—Voy contigo.
Dejó la caja sobre la mesa y, con pasos rápidos, fue tras él.
Samuel la miró de reojo, sin decir nada, y siguió caminando hacia el baño.
Justo cuando estaba distraído, sintió que alguien lo tomaba de la muñeca por detrás.
No era nadie más que Fiona.
Aunque sabía perfectamente que era su forma de contentarlo, Samuel cayó redondito en su trampa; la sonrisa en su rostro era cada vez más difícil de ocultar.
—¡Es que hay alguien que anda de malas! Y naturalmente, tenía que buscar la forma de alegrarlo...
Fiona apretó con un poco más de fuerza la muñeca que sostenía.
—¿Ah, sí? ¿Tú también sabes que ando de malas?
Samuel estiró la mano rápidamente y le dio un ligero toquecito en la cabeza.
Fiona, por reflejo, se llevó la mano a la frente para sobarse.
Luego, bajó la voz y dijo:
—En realidad, lo de ayer no fue gran cosa. Pedro simplemente vino a la casa. Anoche estuve pensando mucho y, la verdad, la forma en que actuamos no fue la más adecuada...
Al mencionar lo sucedido el día anterior, el rostro del hombre se ensombreció un poco mientras la miraba en silencio.
Al notar la molestia en su expresión, Fiona se apresuró a decir:
—Ya, no te enojes. La próxima vez no lo traeré, ¿va? Al fin y al cabo somos familia, no hay necesidad de estar peleados, ¿no crees?

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