¿Perderá la visión?
Fiona sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Su voz salió en un susurro tembloroso.
—Doctor, ¿qué quiere decir con que perderá la visión? ¿Me está diciendo que mi esposo se va a quedar ciego?
La expresión del médico se ensombreció aún más.
—A corto plazo, sí. Sin embargo, si los coágulos de su cerebro se reabsorben, es posible que recupere la vista. Todo dependerá de cómo evolucione su recuperación.
—¿Y no lo pueden operar? —El corazón de Fiona latía desbocado y hasta los labios le temblaban al hablar.
Al notar su pánico, el Dr. Montenegro trató de calmarla.
—Si la cirugía fuera una opción viable, ya lo habríamos operado. El problema es que los coágulos están alojados en una zona extremadamente delicada, justo sobre el nervio óptico. Una intervención quirúrgica supondría un riesgo altísimo y podría empeorar su estado de forma irreversible. Como familiares, deben prepararse emocionalmente. Será vital cuidar la salud mental del paciente cuando despierte.
Tras decir esto, el médico se despidió y se alejó por el pasillo.
¿Cómo podía estar pasando esto?
El mundo se le vino abajo a Fiona. Su visión se nubló y estuvo a punto de desmayarse; de no ser porque Abraham la sostuvo a tiempo, habría terminado en el suelo.
Las lágrimas caían sin control por sus mejillas.
—¿Por qué tiene que pasar esto?
Hace poco tiempo, la familia Flores había estado sumida en la tragedia por su culpa, y ahora, el destino se ensañaba con Samu...
¿Acaso nunca tendría un momento de paz en su matrimonio?
¿Quién era el responsable de todo esto?
—Abraham, ¿ya averiguaste algo? ¿Quién fue? —Fiona se negaba a creer que había sido un accidente. Aferró la manga de Abraham con desesperación—. Esto no fue un accidente, ¿verdad?

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