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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 276

Al día siguiente, desde muy temprano, el palacio Al-Sabah estaba lleno de movimiento.

Murad apenas había podido dormir.

La emoción de presentar oficialmente a Hasret ante sus padres y pedir su mano no lo había dejado descansar.

Revisó varias veces su reloj mientras esperaba que todo estuviera listo.

Omar y Samyra aparecieron poco después.

Ambos vestían con la elegancia propia de la familia real, pero también llevaban una expresión serena.

Aquella visita era importante. Iban a conocer a la mujer que había logrado conquistar el corazón de su hijo en tan poco tiempo.

—¿Estás nervioso? —preguntó Samyra con una sonrisa.

Murad dejó escapar una pequeña risa.

—Un poco.

Omar lo observó con diversión.

—Eso significa que realmente la amas.

Murad asintió sin avergonzarse.

—Sí, padre. La amo y quiero que ustedes también la conozcan como es en realidad.

Los tres subieron al automóvil y partieron rumbo a la residencia de los Al-Dafari.

Durante el trayecto, Murad no dejó de pensar en Hasret.

Esperaba que todo saliera bien. Esperaba que ella se sintiera aceptada.

Sobre todo, esperaba que por primera vez pudiera experimentar lo que era formar parte de una familia que la recibiera con cariño.

***

En la residencia Al-Dafari, Hasret terminaba de arreglarse frente al espejo.

Había elegido el vestido más hermoso que tenía.

Era un delicado vestido rosado, de corte elegante y mangas largas, acompañado por un velo del mismo tono que caía suavemente sobre sus hombros.

Aquel vestido tenía un enorme valor sentimental.

El señor Al-Dafari se lo había regalado dos años atrás para asistir a una importante celebración familiar.

Desde entonces lo había guardado con enorme cuidado.

No tenía joyas.

Solo colocó alrededor de su cuello un antiguo colgante de jade.

Era la única pertenencia que conservaba de su verdadera abuela.

Cada vez que lo sostenía entre sus manos, sentía que una parte de su pasado seguía acompañándola.

Respiró profundamente frente al espejo.

—Todo saldrá bien...

Intentó convencerse.

Pero su corazón latía con tanta fuerza que apenas podía mantenerse tranquila.

Bajó lentamente las escaleras y se colocó junto al señor Al-Dafari.

Él le sonrió con afecto.

Hasret respondió con una sonrisa tímida.

En ese instante escucharon varios vehículos detenerse frente a la residencia.

Su respiración se aceleró.

Habían llegado.

Sintió que las manos comenzaban a temblarle.

—¿Y si no les agrado?

Pensó con angustia.

—¿Y si creen que no soy digna de Murad?

Intentó controlar sus nervios, pero era imposible.

Su cuerpo entero temblaba.

La puerta principal se abrió.

Los primeros en entrar fueron Omar y Samyra, acompañados de Murad.

También varios empleados transportaban elegantes cajas cubiertas con telas de seda.

Eran los regalos tradicionales que acompañaban la petición de mano.

El señor Al-Dafari caminó hasta ellos.

—¡Bienvenidos!

Omar estrechó su mano con cordialidad.

—Gracias por recibirnos.

Después de los saludos iniciales, el señor Al-Dafari hizo una pequeña señal hacia Hasret.

Ella respiró profundamente.

Avanzó con pasos lentos.

Cuando llegó frente a ellos, inclinó ligeramente la cabeza con enorme respeto.

—Sean bienvenidos.

Su actitud humilde conmovió profundamente a Samyra.

Sin permitir que continuara inclinándose, dio un paso al frente.

La tomó suavemente de las manos.

—No, hija.

La acercó hasta ella y la abrazó con cariño.

Hasret abrió los ojos con sorpresa. No esperaba aquel gesto.

Samyra se separó apenas unos centímetros y sostuvo su rostro entre las manos.

Apartó delicadamente el velo para observarla mejor.

Sonrió con auténtica ternura.

—Qué hermosa eres.

Hasret bajó la mirada avergonzada.

Samyra soltó una pequeña risa.

—Ahora comprendo perfectamente por qué mi hijo se enamoró de ti desde el primer momento.

Las mejillas de Hasret adquirieron un intenso color rosado.

No sabía qué responder. Nunca había recibido un cumplido tan sincero.

Entonces Omar dio un paso hacia ella.

Hasret tomó respetuosamente la mano del emir.

La llevó hasta sus labios.

Después apoyó el dorso de aquella mano sobre su frente, siguiendo la antigua tradición turca de respeto hacia los mayores.

—Mi señor...

Su voz fue suave.

—Bienvenido.

Omar sonrió con afecto.

Aquella muchacha poseía una educación excepcional.

Le acarició la cabeza con cariño.

—Hija...

Su tono fue cálido.

—No tienes que ser tan formal conmigo.

Hasret levantó lentamente la mirada.

—Muy pronto dejarás de llamarme "mi señor".

Sonrió ampliamente.

Miró con orgullo a Murad.

—Después del matrimonio de mi hija, ver ahora casado a mi heredero será otro motivo de enorme felicidad.

Sonrió.

—La ceremonia se celebrará en el nuevo palacio del jeque Zayn Al Qasimi.

Samyra tomó inmediatamente la mano de Hasret.

—Hija... Mañana iremos juntas a la boutique. Elegiremos todo tu ajuar de novia. También escogeremos tu shabka. Aunque el tiempo sea corto... No permitiré que te falte absolutamente nada.

Hasret sintió una enorme ilusión.

Aquello parecía un sueño.

"Voy a casarme..."

Pensó emocionada.

Pero una pequeña duda volvió a aparecer.

"¿De verdad me ama?"

Levantó discretamente la mirada hacia Murad.

Él ya la estaba observando.

Y la forma en que sus ojos brillaban al verla disipó casi todas sus inseguridades.

"Casi podría jurar que sí..."

***

Más tarde, ambas familias permitieron que los novios pasearan unos minutos a solas por el jardín.

Murad tomó delicadamente la mano de Hasret.

Caminaron entre rosales y fuentes en completo silencio.

Finalmente él habló.

—¿Eres feliz?

Ella lo miró fijamente.

Había una pregunta que no dejaba de rondar su mente.

—¿Por qué me ama?

Murad sonrió.

Le acarició suavemente la mejilla.

—¿Sabes? Dicen que existe el hilo del destino.

Hasret frunció ligeramente el ceño.

—¿El hilo del destino?

Él asintió.

—Dicen que Alá une a las personas destinadas a amarse.

Y para que nunca se pierdan, las ata con un hilo rojo invisible.

Sonrió mientras sostenía su mano.

—Tú eres el otro extremo de mi hilo rojo.

Hasret soltó una pequeña risa. Negó con la cabeza.

—Está loco.

Murad miró rápidamente a su alrededor.

Comprobó que nadie los observaba.

Se acercó lentamente. Rozó sus labios con los de ella.

—Sí...

Susurró.

—Loco por ti.

Y, sin darle tiempo para responder, selló aquellas palabras con un beso

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