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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 250

—¡Es mentira! ¡Es una vil calumnia!

La voz de Fahriye retumbó en el gran salón como un trueno.

Su indignación era tan intensa que hizo callar hasta el último murmullo. Con la espalda erguida y el mentón en alto, sostuvo la mirada de Adnan sin un solo atisbo de miedo.

—¡Jamás hemos estado juntos! ¡Nunca me has tocado! ¡Eres un cobarde... un miserable!

Un silencio sepulcral envolvió el salón.

Adnan sintió cómo decenas de ojos se clavaban sobre él.

La humillación de verse cuestionado frente a todos despertó la peor parte de su carácter.

Sus labios se curvaron en una sonrisa cargada de arrogancia.

—Es la verdad... y lo sabes perfectamente.

Su voz sonó tranquila, casi burlona.

—Puedes negarlo cuanto quieras. Ninguna mujer admitiría algo así delante de toda la familia.

Adnan aprovechó aquella vacilación.

—Pasaste la noche conmigo. ¿Crees que alguien creerá que no ocurrió nada?

Las palabras cayeron como veneno.

El rostro de Fahriye palideció por un instante, no por culpa de la mentira, sino por comprender lo que él intentaba hacer.

No quería obligarla a casarse. Quería destruirla.

Porque en aquella sociedad bastaba una acusación para convertir la honra de una mujer en motivo de sospecha.

—¡Basta!

El rugido de Murad hizo temblar el salón.

Él y Omar Al-Sabah avanzaron al mismo tiempo, dominados por una furia incontenible.

—¡Maldito!

—¡Voy a matarte!

Los guardias reales reaccionaron de inmediato, interponiéndose entre ellos antes de que alcanzaran a Adnan.

Los hombres forcejeaban con todas sus fuerzas.

—¡Suéltenme!

—¡Ese cobarde merece morir!

—¡¿A esto llaman un jeque?! —escupió Murad, intentando liberarse de quienes lo sujetaban—. ¡Es un hombre sin honor!

El Emir Rashid dio varios pasos al frente.

Su rostro reflejaba una mezcla de vergüenza y furia.

Sin previo aviso, levantó la mano.

¡Paf!

La bofetada resonó con fuerza.

Adnan giró la cabeza por el impacto y estuvo a punto de perder el equilibrio.

Nunca su abuelo lo había golpeado delante de tanta gente

—¡¿Cómo te atreves a pronunciar semejante blasfemia?! —rugió el Emir—. ¡Has manchado el honor de una mujer sin presentar una sola prueba!

Adnan levantó lentamente el rostro.

Sus ojos ardían de resentimiento.

Pero lejos de retractarse, sonrió.

—Porque es cierto.

Miró directamente a Fahriye.

—Ella me ama. Fue mía... y ahora intenta negarlo.

Eso era exactamente lo que Adnan quería.

Sembrar la duda.

Aunque jamás pudiera demostrar su mentira, bastaba con que una palabra para que Fahriye fuese solo suya.

Entonces una sombra apareció frente a él. Zayn.

No dijo una sola palabra.

Simplemente levantó la mano.

¡Paf!

La segunda bofetada fue aún más fuerte que la primera.

Adnan cayó de rodillas sobre el mármol.

Un hilo de sangre apareció en la comisura de sus labios.

Zayn lo contempló con un desprecio absoluto.

—Cobarde...

Su voz fue apenas un murmullo.

Pero todo el salón la escuchó.

—No eres más que un cobarde.

Adnan levantó la vista, lleno de odio.

—¿Te atreves a golpearme?

Zayn dio un paso más.

—Fue lo mínimo que merece un hombre capaz de destruir la honra de una mujer para alimentar su orgullo.

Los ojos del príncipe heredero parecían dos llamas.

—¿Qué clase de basura eres?

Hamdan reaccionó de inmediato.

—¡Zayn!

Se colocó delante de Adnan.

—¡Basta! ¡Es tu hermano!

Zayn soltó una amarga carcajada.

—¿Hermano?

Negó lentamente con la cabeza.

—Maldigo el día en que compartimos la misma sangre.

El silencio volvió a adueñarse del salón.

Nadie respiraba.

—Alá es testigo de que un hombre sin honor jamás podrá ser mi hermano.

Las palabras atravesaron a Hamdan como una espada.

Su rostro perdió el color. Aun así, la rabia pudo más.

Levantó la mano dispuesto a abofetear a Zayn.

Pero el príncipe no retrocedió.

Al contrario. Avanzó hasta quedar frente a su padre.

—Hazlo.

Lo miró directamente a los ojos.

—Golpéame.

La mano de Hamdan permaneció suspendida en el aire.

—Pero antes míralo.

Señaló a Adnan.

—Tú lo criaste. Tú convertiste su soberbia en virtud. Tú cerraste los ojos cada vez que humilló a alguien.

—¡Suéltenme!

Adnan comenzó a forcejear desesperadamente.

—¡No pueden hacerme esto! ¡Soy el heredero! ¡Abuelo!

Nadie respondió.

—Enciérrenlo en la mazmorra más profunda del palacio.

La voz del Emir no vaciló.

—Permanecerá allí hasta que aprenda el verdadero significado del honor.

Los guardias comenzaron a arrastrarlo.

Los gritos de Adnan se fueron perdiendo por los interminables pasillos del palacio.

Cuando las enormes puertas volvieron a cerrarse, un pesado silencio cayó sobre el salón.

Parecía que hasta el aire había dejado de moverse.

El Emir Rashid bajó lentamente la cabeza. De pronto parecía mucho más viejo.

—Lo siento, Omar.

Su voz estaba cargada de culpa.

—Asumo toda la responsabilidad por lo ocurrido.

Omar Al-Sabah lo observó con los ojos llenos de dolor.

—¿Y cómo piensa reparar esto?

Su voz tembló de impotencia.

—Su nieto no solo atacó a mi hija...

Miró a Fahriye.

—Ha intentado destruir su futuro.

Apretó los puños.

—En nuestra sociedad, la verdad siempre camina detrás del rumor. El rumor ya salió de aquí. Y será mucho más rápido que cualquier sentencia.

Las palabras dejaron al Emir sin respuesta. Porque sabía que Omar tenía razón.

Aunque Fahriye demostrara su inocencia, siempre existiría alguien dispuesto a recordar la mentira antes que la verdad.

El silencio volvió a instalarse.

Entonces Zayn avanzó lentamente hasta colocarse junto a Fahriye.

Primero inclinó respetuosamente la cabeza hacia Omar.

Después miró al Emir.

Finalmente, sus ojos se encontraron con los de Fahriye.

Su voz fue firme, serena e imposible de cuestionar.

—Yo no necesito ninguna prueba para creer en el honor de Fahriye.

Las miradas de todos se clavaron en él.

—Su palabra vale más que todas las mentiras pronunciadas aquí esta noche.

Respiró profundamente.

—Y si ella acepta...

Hizo una breve pausa.

—Pediré su mano en matrimonio.

El salón entero quedó inmóvil.

—Desde ese día, quien vuelva a manchar el nombre de Fahriye...

Los ojos de Zayn recorrieron uno por uno a todos los presentes.

—Estará manchando también el honor de la futura esposa del jeque.

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