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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 275

Al día siguiente, Zayn y Fahriye regresaron finalmente a Dubái después de disfrutar de unos días de descanso. El viaje había servido para fortalecer aún más su matrimonio, aunque ambos sabían que la tranquilidad no duraría demasiado.

Como miembros de la familia real de Furayia, siempre habría responsabilidades esperándolos.

Antes de regresar al palacio que el emir les había obsequiado, decidieron hacer una parada importante.

Fueron a visitar a los padres de Fahriye.

En cuanto el automóvil llegó a la residencia familiar, Samyra salió a recibirlos. Apenas vio a su hija bajar del vehículo, una enorme sonrisa iluminó su rostro.

Sin esperar un segundo más, caminó hasta ella y la abrazó con todas sus fuerzas.

—Mi niña...

Fahriye sonrió con ternura mientras correspondía el abrazo.

—Madre...

Habían pasado pocos días sin verse, pero para Samyra parecían semanas.

Necesitaba comprobar con sus propios ojos que su hija era feliz.

Después de saludar y conversar unos minutos, Samyra tomó suavemente la mano de Fahriye.

—Ven conmigo un momento.

Ambas caminaron hasta uno de los jardines interiores del palacio, donde podían hablar con tranquilidad.

Durante unos segundos permanecieron en silencio.

Samyra observó detenidamente el rostro de su hija.

No buscaba palabras.

Buscaba emociones. Y lo que encontró la hizo sonreír.

Fahriye tenía una luz distinta en los ojos.

Parecía una mujer completamente enamorada.

—Dime la verdad, hija.

Tomó sus manos con cariño.

—¿Todo está bien?

Fahriye sonrió sin poder ocultar la felicidad que sentía.

—Sí, madre.

Miró por un instante el cielo.

—Todo es perfecto.

Samyra sintió un enorme alivio.

Acarició su mejilla con dulzura.

—Eso era todo lo que quería escuchar.

Después la abrazó una vez más.

No había mayor felicidad para una madre que saber que su hija había encontrado un hombre que la respetaba y la hacía feliz.

***

Poco después, Murad llegó al palacio.

Apenas vio a su hermana, caminó rápidamente hacia ella y la envolvió en un fuerte abrazo.

—¡Hermana!

Fahriye rió.

—Murad...

Él se separó apenas unos centímetros para observarla con atención.

—¿Cómo estás?

Frunció ligeramente el ceño.

—¿Te ha tratado bien?

Zayn soltó una pequeña risa.

Sabía perfectamente hacia dónde iba aquella conversación.

Fahriye rodó los ojos con diversión.

—No empieces, Murad.

—Solo quiero asegurarme de que mi hermana está siendo feliz.

—Lo soy.

Respondió ella sonriendo.

Murad miró a Zayn.

—Más te vale.

Los tres comenzaron a reír.

Después de unos instantes, Murad carraspeó ligeramente.

—En realidad...

Tengo algo importante que decirles.

La expresión de ambos cambió.

Fahriye cruzó los brazos.

—¿Qué sucede?

Murad respiró profundamente.

—Me casaré.

Hubo un breve silencio.

—¿Cuándo?

Preguntó Zayn.

—En una semana.

Los dos lo miraron completamente sorprendidos.

—¿Qué?

Exclamó Fahriye.

—¿Es una broma?

Murad negó inmediatamente.

—No.

Hablo completamente en serio.

Fahriye seguía sin creerlo.

—¡Murad!

Lo tomó del brazo.

—¿Quién es ella?

Murad sonrió con una felicidad imposible de ocultar.

—Mañana la conocerán.

Miró a ambos con entusiasmo.

—Porque iremos a pedir oficialmente su mano.

Zayn y Fahriye intercambiaron una mirada.

Todavía intentaban asimilar la noticia.

Pero bastó ver la expresión enamorada de Murad para comprender que hablaba completamente en serio.

***

Esa misma noche, Zayn y Fahriye llegaron finalmente al palacio que el emir Omar les había regalado como obsequio de bodas.

Durante una temporada vivirían en Dubái para atender algunos asuntos oficiales.

Más adelante regresarían definitivamente a Furayia.

—Habibti...

Su sonrisa fue cálida.

—Ven.

Siéntate conmigo.

Fahriye caminó lentamente hasta él.

—Alana preparó la cena.

Quiero que pruebes mis platillos favoritos.

Después miró nuevamente a Alana.

—Y mañana también prepararás los favoritos de mi esposa.

La expresión de Alana cambió por completo.

—Además...

Continuó Zayn con total naturalidad.

—Sirve otro plato, por favor. Mi esposa cenará conmigo.

Aquellas palabras destruyeron por completo la sonrisa de Alana.

Fahriye tomó asiento junto a Zayn.

Él, sin dudarlo, tomó la mano de su esposa sobre la mesa.

Alana bajó la mirada y salió del comedor sin decir una sola palabra.

Cuando estuvieron solos, Fahriye suspiró.

—Parece que Alana vivirá aquí.

Zayn dejó los cubiertos sobre la mesa.

Su expresión reflejaba cierto cansancio.

—Cuando la conocí estaba completamente sola. La salvé. Le prometí protegerla. También prometí pagar sus estudios y darle una buena vida. Pero ella nunca quiso otra cosa que quedarse a mi lado sirviéndome.

Fahriye escuchó atentamente.

Zayn continuó.

—Hace tiempo abrazó el islam. Eso significa que puede casarse.

Sonrió ligeramente.

—Quiero encontrarle un buen esposo. Yo mismo pagaré su dote para que pueda comenzar una nueva vida.

Fahriye permaneció pensativa unos segundos.

Después sonrió.

—Si eso es lo que ella desea... Entonces encontraremos un buen matrimonio para ella.

No muy lejos de allí, Alana había escuchado toda la conversación.

Subió rápidamente las escaleras hasta su habitación.

Cerró la puerta de un golpe.

Apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en sus palmas.

La rabia le quemaba el pecho.

Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.

—No...

Susurró entre dientes.

Se llevó una mano al corazón mientras respiraba con dificultad.

—No voy a permitir que mi vida termine así.

Su mirada se endureció.

—No por culpa de esa mujer.

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