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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 324

Inaya llegó a la mansión cuando la noche ya había caído sobre la ciudad.

El viaje había sido silencioso.

Durante todo el camino permaneció mirando por la ventana del automóvil, perdida en sus propios pensamientos. Su corazón todavía estaba lleno de una mezcla de tristeza, rabia y confusión.

No podía dejar de recordar las palabras de Malik.

Recordaba cómo la había mirado.

Como si fuera una desconocida.

Como si todo el amor que alguna vez creyó que existía entre ellos hubiera desaparecido.

Cuando el auto se detuvo frente a la entrada principal de la mansión, Inaya respiró profundamente antes de bajar.

Intentó mantener la compostura.

No quería que nadie notara cuánto le dolía todo aquello.

Caminó hacia la entrada con la cabeza en alto, pero apenas cruzó las puertas de la mansión notó algo extraño.

Los empleados estaban demasiado callados.

Algunos evitaban mirarla directamente.

Entonces vio a la empleada principal acercarse.

La mujer tenía una expresión preocupada que no podía ocultar.

—Señora...

Inaya se detuvo.

—¿Qué ocurre?

La mujer miró alrededor, como si temiera que alguien pudiera escucharla.

—El señor está en el despacho.

Hizo una pausa.

—Está muy enfadado. Preguntó por usted varias veces.

La expresión de Inaya cambió ligeramente.

Aunque intentó ocultarlo, escuchar que Malik estaba preocupado por ella provocó un pequeño movimiento en su corazón.

Pero inmediatamente recordó su actitud distante.

No podía permitirse ilusionarse.

—Está bien, no te angusties —respondió con calma—. Si el señor pregunta por mí, dile que estoy en mi habitación.

La empleada abrió los ojos sorprendida.

No esperaba esa respuesta.

—¿Señora?

Pero Inaya ya había comenzado a caminar.

La mujer se quedó observándola, confundida.

Sabía que algo estaba ocurriendo entre ellos.

Porque aunque Malik fingía indiferencia, todos en la mansión podían ver que su preocupación por Inaya era demasiado grande.

***

La empleada no tuvo más remedio que dirigirse al despacho.

Cuando abrió la puerta, Malik levantó la mirada inmediatamente.

Por un instante, sus ojos mostraron esperanza.

Como si hubiera esperado ver a Inaya entrar.

Pero al darse cuenta de que era solamente la empleada, su expresión volvió a endurecerse.

—Con permiso, señor.

Malik permaneció en silencio.

—¿La señora volvió?

La mujer asintió.

—Sí, señor.

Aquellas palabras parecieron devolverle un poco de tranquilidad.

Había estado intentando convencerse de que no le importaba.

Pero cuando creyó que ella no regresaría, una angustia insoportable se apoderó de él.

—¡¿Y dónde está?! —preguntó inmediatamente.

Su voz mostró molestia, pero debajo de ella había desesperación.

La empleada dudó.

—En su alcoba.

Malik frunció el ceño.

—¿Su alcoba?

La mujer bajó la mirada.

—Le dije que usted la esperaba aquí, pero ella decidió irse a su habitación.

Malik sintió una punzada de enojo.

No entendía por qué Inaya actuaba así.

Después de todo, él necesitaba respuestas.

Necesitaba saber quién era ese hombre.

Necesitaba saber si las imágenes que había visto eran reales.

Sin decir una palabra más, salió del despacho.

***

Caminó rápidamente por los pasillos de la mansión.

Su rostro mostraba una mezcla de rabia y desesperación.

Llegó hasta la habitación de Inaya.

Ni siquiera se molestó en tocar.

Abrió la puerta de golpe.

—¡Malik! —exclamó ella sorprendida.

Inaya estaba cambiándose de ropa.

Había dejado su vestido sobre una silla y apenas había alcanzado a cubrirse con su ropa de dormir cuando él entró.

Por un segundo, Malik se quedó inmóvil.

La imagen de ella frente a él le recordó demasiado lo cerca que habían estado.

Pero la furia volvió a dominarlo.

No estaba ahí para pensar en sus sentimientos.

Estaba ahí por las dudas que lo estaban consumiendo.

Se acercó rápidamente.

Había perdido la cuenta de las veces que había tenido que luchar por sobrevivir.

Cuando creía que finalmente había encontrado la felicidad con Murad...

Cuando pensaba que sus pesadillas habían terminado...

La vida volvía a arrebatarle la paz.

—¿Por qué...? —susurró llorando—. ¿Por qué mi vida tiene que ser así?

Pensó en Murad. En su sonrisa.

En la forma en que la miraba. En sus promesas.

¿Volvería a verlo?

El sonido de unos pasos interrumpió sus pensamientos.

El miedo la paralizó. Alguien se acercaba.

La puerta comenzó a abrirse lentamente.

Hasret comenzó a respirar con desesperación.

—¡No!

Su voz salió llena de terror.

—¡Por favor, no me hagas daño!

Intentó alejarse, aunque las cuerdas se lo impedían.

—Tengo dinero... puedo darte lo que quieras.

Las lágrimas corrían por su rostro.

—Solo déjame ir.

Entonces escuchó una voz.

Una voz que conocía demasiado bien.

Una voz que jamás esperaba escuchar de nuevo.

—Hasret...

Ella se quedó completamente inmóvil.

El miedo cambió a horror.

—Mi amor...

La voz continuó acercándose.

—¿Olvidaste nuestra promesa de amor?

Los ojos de Hasret se abrieron lentamente.

Sintió que el corazón se le detenía.

Porque aquella voz pertenecía a la última persona que quería volver a ver.

Tariq.

El hombre que había convertido su vida en una pesadilla.

El hombre que ahora estaba frente a ella con una sonrisa peligrosa.

—No puede ser...

Susurró Hasret mientras las lágrimas volvían a caer.

Tariq sonrió.

—Pensé que estarías feliz de verme.

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