Cuando Murad regresó junto a su familia, caminó lentamente por los jardines del palacio.
La noche era tranquila.
El cielo estaba despejado y una suave brisa recorría el lugar, moviendo ligeramente las hojas de los árboles.
Durante unos segundos, Murad se quedó observando aquella escena que siempre había significado seguridad para él.
Sus padres estaban juntos.
Como siempre.
Omar abrazaba a Samyra por la espalda mientras ambos contemplaban el cielo lleno de estrellas. Él señalaba algunas constelaciones y le susurraba algo al oído que hacía sonreír a su esposa.
Era una imagen que Murad había visto muchas veces desde niño.
Sus padres seguían mirándose con el mismo amor de años atrás.
Seguían siendo una pareja que se elegía todos los días.
Murad sonrió con ternura.
Había crecido viendo ese amor.
Y quizás por eso, en el fondo, siempre había deseado encontrar algo parecido.
Alguien que lo hiciera sentir lo mismo que su padre sentía por su madre.
Alguien que fuera su hogar.
Respiró profundamente y caminó hacia ellos.
—Padre, madre.
Omar y Samyra se giraron al escuchar su voz.
Ambos le sonrieron.
Pero Samyra, como madre, notó inmediatamente algo diferente en su expresión.
Murad parecía feliz, pero también nervioso.
—Cariño, ¿sucede algo? —preguntó acercándose a él.
Murad miró a sus padres durante unos segundos.
Sabía que la noticia sería inesperada.
Sabía que quizás pensarían que estaba tomando una decisión demasiado rápida.
Pero también sabía algo más.
No podía esperar.
No quería arriesgarse a perder a la mujer que amaba.
—Sí...
Hizo una pausa.
—Hay algo que debo decirles.
Omar cruzó los brazos, esperando escuchar.
Murad tomó aire.
—Padre, madre... me casaré en una semana.
El silencio cayó sobre el lugar.
Omar y Samyra se miraron inmediatamente.
Ambos habían escuchado las palabras de su hijo, pero la sorpresa fue demasiado grande.
Una semana.
No un mes. No unos meses.
Una semana.
—Espera...
Omar frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué has dicho?
Murad mantuvo la calma.
—Que me casaré.
—¿En una semana? —repitió su padre, todavía sorprendido—. Murad, ¿qué está pasando?
Su tono no era de enojo, sino de preocupación.
Como padre, inmediatamente pensó que algo había ocurrido.
Quizás había un problema.
Quizás su hijo estaba intentando solucionar algo con una decisión impulsiva.
—¿Ella está embarazada?
Preguntó Omar directamente.
Murad abrió los ojos sorprendido.
—No.
Negó rápidamente.
—Padre, no ha pasado nada malo.
Samyra se acercó a él.
Su mirada estaba llena de preocupación.
—Entonces explícanos, hijo.
Murad sonrió suavemente.
—Estoy enamorado.
Sus padres guardaron silencio.
—La amo.
Continuó.
—Y siento que si no lo hago ahora... si espero demasiado...
Bajó ligeramente la mirada.
—Puedo perderla.
Samyra observó a su hijo con ternura.
Podía ver en sus ojos algo que pocas veces había visto.
La misma seguridad que Omar había tenido cuando decidió luchar por ella.
—Murad...
Ella tomó sus manos.
—Dinos la verdad.
Él sonrió.
—La verdad es que solo es amor.
Una pequeña risa escapó de sus labios.
—Quiero estar con ella.
Miró a ambos.
Murad sintió alivio.
Omar colocó una mano sobre su hombro.
—Entonces debes traerla.
Sonrió.
—Prepararemos esa boda.
La felicidad de Murad fue inmediata.
Abrazó a sus padres con fuerza.
Por primera vez en mucho tiempo sentía que todo estaba en su lugar.
Iba a casarse con la mujer que amaba.
***
Al día siguiente.
Lejos de ahí.
En el resort, Fahriye disfrutaba sus últimas horas antes de regresar a Dubái.
El viaje había sido maravilloso.
Había sido una etapa llena de momentos inolvidables junto a Zayn.
Sonreía mientras terminaba de organizar algunas cosas.
Esa misma noche volverían a casa.
Fahriye estaba feliz.
Se sentía tranquila. Amada.
Mientras caminaba por la habitación, escuchó un golpe en la puerta.
Frunció ligeramente el ceño.
Pensó que quizás era Zayn. Tal vez había olvidado la llave.
Sonrió.
—Otra vez olvidando las cosas...
Caminó hasta la puerta.
Sin sospechar lo que estaba a punto de ocurrir, abrió.
Pero en cuanto vio quién estaba del otro lado, toda la alegría desapareció de su rostro.
Su respiración se detuvo.
Antes de que pudiera reaccionar, la puerta fue empujada con fuerza.
Un hombre entró al interior. Fahriye retrocedió sorprendida.
Era Adnan.
Su expresión estaba llena de una seguridad inquietante.
La miró con una sonrisa fría.
—Hola...
Hizo una pausa.
—Cuñada.
Fahriye sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.
Sabía que aquella visita solo podía significar problemas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe
Compré 520 monedas de cobraron, pero no sé desbloquea, es un robo...