Alya observaba a Hamdan como si el hombre que tenía delante fuera un completo desconocido.
Su voz salió apenas en un susurro.
—¿Cómo... cómo pudiste hacer algo así?
Hamdan evitó mirarla.
Por primera vez en muchos años, el poderoso jeque parecía incapaz de sostener la mirada de su propia esposa.
Respiró profundamente.
—Tú no lo entiendes.
Hamdan levantó la voz, intentando justificarse.
—¡Adnan sufrió toda su vida por no tener una madre! Creció sintiéndose abandonado, vacío... Mientras tú, Zayn, siempre lo tuviste todo. Tuviste una madre que te amó, un hogar completo... Él necesitaba más oportunidades.
Zayn permaneció inmóvil.
Sus palabras le dolían, al ver que su padre estaba equivocado y no comprendía su dolor.
Luego habló con una calma que resultaba mucho más dolorosa que cualquier grito.
—¿Y yo?
Hamdan frunció el ceño.
—¿Qué hay de mí, padre?
La pregunta quedó suspendida en el aire.
—¿Alguna vez te detuviste a pensar qué sentía yo? ¿Alguna vez me preguntaste si amaba a Fahriye?
Hamdan abrió la boca, pero ninguna respuesta llegó.
Zayn continuó.
—¿Alguna vez imaginaste cuánto sufrí creyendo que ella había elegido a Adnan?
Respiró con dificultad.
—No...
Negó lentamente con la cabeza.
—Jamás te importó.
El silencio volvió a llenar el salón.
—Porque todo tu amor ya estaba repartido.
Miró fijamente a su padre.
—Una parte era para tu esposa.
—Y todo lo demás... para Adnan. Para mí nunca quedó nada.
Aquellas palabras atravesaron el corazón de Alya.
Ella conocía el carácter reservado de su hijo, pero jamás imaginó que hubiera cargado semejante dolor durante tantos años.
Zayn sonrió con tristeza.
—Ahora lo entiendo todo.
Bajó la mirada unos segundos.
—Siempre me pregunté por qué, hiciera lo que hiciera, nunca era suficiente para ti.
Levantó nuevamente los ojos.
—Hoy por fin encontré la respuesta.
Respiró profundamente.
—Nunca supiste quererme.
La última frase cayó como una sentencia.
Hamdan sintió un fuerte nudo en el pecho.
—¡No digas tonterías!
Su voz sonó desesperada.
—¡Eres mi hijo!
—¿De verdad?
Zayn dio un paso al frente.
—Entonces dime una sola ocasión en la que me elegiste a mí.
Su padre no dijo nada. Zayn sonrió con amargura.
—Yo tampoco, la recuerdo.
Respiró lentamente.
—A veces...
Su voz se quebró por primera vez.
—A veces deseé no haber nacido.
Alya llevó una mano a la boca.
Sentía que el corazón se le rompía.
—Porque pensé que quizá así habrías sido feliz amando solo a tu Adnaan.
Las palabras apenas abandonaron sus labios cuando un fuerte sonido rompió el silencio.
¡Paf!
La bofetada resonó por todo el salón.
La cabeza de Zayn giró hacia un lado por el impacto.
Un fino hilo de sangre descendió lentamente desde la comisura de su boca.
Sin embargo... Ni siquiera miró con odio a su padre.
Simplemente volvió el rostro lentamente.
Sus ojos estaban llenos de una tristeza infinita.
Aquella expresión hizo que Hamdan sintiera un escalofrío.
—Zayn...
Su voz tembló.
Pero no respondió. Se limpió la sangre con el dorso de la mano.
Luego dio media vuelta.
—¡Hijo!
Alya corrió tras él.
Quería abrazarlo.
Pero Hamdan la sujetó del brazo.
—Alya... espera.
Ella se volvió lentamente.
Lo miró.
Y por primera vez desde que se habían casado, no vio al hombre del que se había enamorado.
Solo vio al responsable del sufrimiento de su hijo.
Sin previo aviso levantó la mano.
¡Paf!
La bofetada fue tan fuerte que Hamdan quedó completamente inmóvil.
—¿Cómo pude creer que eras digno de mi amor?
Hamdan la observó horrorizado.
—Alya...
Ella negó lentamente.
—No.
Hamdan sintió un profundo dolor al verlo en aquel estado.
Durante toda su vida había intentado proteger a su primogénito.
Y quizá ese había sido su mayor error.
Bajó lentamente la mirada.
—No puedo hacerlo.
La sonrisa de Adnan desapareció.
—¿Qué... qué quieres decir?
—La orden la dio el Emir.
Hamdan respiró profundamente.
—Y nadie puede revocarla.
Adnan negó repetidas veces con la cabeza.
—No...
Su voz comenzó a temblar.
—Tú puedes convencerlo.
—No esta vez.
El silencio cayó entre ambos.
Hamdan apoyó una mano sobre los fríos barrotes.
—Adnan...
Su voz sonó cansada.
—¿Por qué lo hiciste?
—Padre, fue esa mujer, estaba embarazada, no pude dejarla.
—Nada justifica lo que hiciste.
—Intentaste destruir el honor de una mujer.
—Ella me obligó.
—Tu abuelo ya tomó una decisión definitiva.
Adnan sintió un escalofrío.
—¿Qué decisión?
Hamdan tragó saliva.
Cada palabra parecía costarle un enorme esfuerzo.
—Serás despojado de tu título como jeque.
El rostro de Adnan perdió todo color.
—No...
—También quedarás fuera de la línea de sucesión. Serás enviado al exilio en Omán.
Miró desesperadamente a su padre.
—¡Tú eres el príncipe heredero! ¡Haz algo!
—Hay algo más. Fahriye... Aceptó casarse con otro hombre.
Los ojos de Adnan se abrieron con incredulidad.
—¡Eso es imposible! ¡Ella me ama!
—Se casará con... Zayn.
El mundo pareció detenerse.
Adnan dio un paso hacia atrás.
Su rostro quedó completamente blanco.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe
Compré 520 monedas de cobraron, pero no sé desbloquea, es un robo...