Nassira retrocedió un paso, incapaz de creer lo que acababa de escuchar.
Su mirada dejó de posarse en Nayla y descendió hasta el pequeño bebé que dormía plácidamente entre sus brazos.
Era un niño hermoso.
Tenía la piel de un cálido tono oliva, las mejillas redondeadas y unas largas pestañas oscuras que descansaban sobre su delicado rostro.
De vez en cuando fruncía levemente el ceño, movía los labios o agitaba una diminuta mano, completamente ajeno a la conversación que decidiría su futuro.
El corazón de Nassira se encogió.
Aquel pequeño era completamente inocente.
No había pedido venir al mundo, ni tenía culpa de los errores de los adultos.
Con manos temblorosas, acarició suavemente una de sus pequeñas manitas. El bebé respondió cerrando sus diminutos dedos alrededor de los de ella, provocando que un nudo se formara en su garganta.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Volvió a mirar a Nayla.
Esperaba encontrar en ella una señal de arrepentimiento, una duda, aunque fuera un mínimo destello de amor maternal.
No encontró nada.
Solo frialdad. Solo ambición.
—¡Por Alá! —exclamó con la voz quebrada—. ¿Cómo puedes decir algo tan cruel? ¡Es tu hijo!
Nayla dejó escapar una risa breve y despectiva.
—¿Y qué importa que sea mi hijo?
Su respuesta fue tan seca que hizo estremecer a Nassira.
Con absoluta indiferencia acomodó al bebé sobre su hombro y continuó hablando.
—Estoy cansada de vivir en la miseria. Cuando estaba cerca de Omar tenía una vida llena de lujos, sirvientes, viajes y joyas. Ahora apenas puedo mantener un techo sobre mi cabeza. ¿Crees que pienso sacrificar el resto de mi vida por un niño?
Nassira abrió los ojos con incredulidad.
—Él no tiene la culpa de nada.
—Claro que no —respondió Nayla encogiéndose de hombros—. Pero tampoco pienso arruinar mi futuro por él.
Su sonrisa se volvió calculadora.
—Cinco millones de dólares. Eso es todo lo que quiero. Consíguelos y podrás quedarte con el niño.
Nassira sintió que el mundo se detenía.
—¿Estás... vendiendo a tu propio hijo?
—Llámalo como quieras. Yo lo llamo aprovechar una oportunidad. Además, contigo tendrá una vida mucho mejor que conmigo.
Se acercó un poco más, bajando la voz.
—Piénsalo bien. Si no aceptas mi propuesta, no me culpes cuando este niño termine en un orfanato... o en manos de personas que no lo tratarán con tanta compasión como tú.
Aquellas palabras atravesaron el corazón de Nassira.
El bebé soltó un leve gemido mientras seguía dormido, completamente ajeno al destino que su propia madre estaba negociando.
Nayla se dio la vuelta sin esperar una respuesta.
Se marchó con paso tranquilo, como si acabara de cerrar un simple negocio.
Nassira permaneció inmóvil.
Llevó una mano a su pecho, intentando controlar la opresión que sentía.
Las lágrimas terminaron deslizándose por sus mejillas.
No lloraba por Nayla.
Lloraba por aquel niño, condenado a crecer sin conocer el verdadero amor de una madre.
***
Cuando regresó a casa, su rostro estaba completamente desencajado.
Samyra apenas la vio cruzar la puerta y comprendió que algo terrible había ocurrido.
Corrió hacia ella.
—¿Nassira? ¿Qué pasó?
La joven ya no pudo contenerse.
Rompió en un llanto inconsolable.
Omar sintió un profundo nudo en la garganta.
Como padre, le resultaba imposible imaginar a alguien capaz de utilizar a un hijo como si fuera una mercancía.
Regresó junto a ellas.
Abrazó primero a Samyra y luego a su hermana.
—Ese niño no tiene la culpa de haber nacido en medio de tanto odio.
Su voz sonó firme.
—Y no permitiré que siga pagando por los errores de los adultos.
Samyra levantó la mirada.
—¿Qué piensas hacer?
Los ojos de Omar adquirieron la frialdad de un hombre acostumbrado a enfrentar situaciones difíciles.
—Hablaré personalmente con Nayla. Y si realmente cree que puede negociar con la vida de su hijo... Acaba de cometer el peor error de su vida.
***
A la mañana siguiente, Omar se reunió con Nassira en su despacho.
Esperó a que ella terminara de contarle todos los detalles antes de formular la pregunta que más le preocupaba.
—¿Qué harás?
Nassira permaneció en silencio unos segundos.
Las lágrimas volvieron a llenar sus ojos.
—No lo sé. Si acepto su propuesta, estaré alimentando su codicia. Pero si no hago nada...
Su voz se quebró.
—Ese pequeño podría terminar abandonado o en manos de personas que lo lastimen. No puedo dejar de pensar en él. Era solo un bebé.
Omar cerró lentamente los puños.
—Nayla deberá responder por todo esto. No se trata de venganza. Se trata de proteger a un niño que no puede defenderse.
Nassira asintió lentamente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe
Compré 520 monedas de cobraron, pero no sé desbloquea, es un robo...