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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 223

Omar abrió lentamente los ojos cuando el médico terminó de revisar los últimos resultados.

Durante unos segundos, nadie dijo una sola palabra.

Entonces el doctor levantó la vista y sonrió.

—Lo logramos.

Aquellas dos palabras bastaron para cambiar el ambiente por completo.

Todos los médicos presentes dejaron escapar un suspiro de alivio.

Después de tanto tiempo de incertidumbre, noches sin dormir y el temor constante de perder a Omar, finalmente podían decir que el tratamiento había sido un éxito.

Samyra sintió que las piernas le temblaban.

Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.

No eran lágrimas de tristeza. Eran lágrimas de alivio.

De felicidad. De gratitud.

Omar la miró.

En su rostro aparecía una sonrisa que ella no veía desde hacía mucho tiempo.

Era una sonrisa llena de esperanza.

Una sonrisa de un hombre que volvía a creer en el futuro.

Sin pensarlo dos veces, Samyra corrió hacia él.

Lo abrazó con todas sus fuerzas.

Escondió el rostro en su pecho mientras las lágrimas seguían cayendo.

—Lo lograste... —susurró con la voz quebrada.

Omar la rodeó con sus brazos.

Durante unos segundos simplemente permanecieron abrazados.

No hacían falta palabras.

Aquel abrazo decía todo lo que ninguno de los dos era capaz de expresar.

Él había sobrevivido.

Ella no lo había perdido.

Omar levantó delicadamente el rostro de Samyra.

Sus miradas se encontraron.

En aquellos ojos seguía existiendo el mismo amor que había sobrevivido al dolor, a las separaciones, a las traiciones y al miedo.

Samyra sonrió entre lágrimas.

No pudo contenerse.

Se puso de puntillas y lo besó.

Omar respondió de inmediato.

Fue un beso lento. Profundo.

Lleno de promesas silenciosas.

Los médicos comenzaron a aplaudir.

Algunos sonrieron.

Otros desviaron la mirada con discreción para no interrumpir aquel momento tan íntimo.

Incluso el señor Mayer sintió un nudo en la garganta.

Después de todo lo vivido, aquella escena era la mejor recompensa.

***

Horas más tarde, Omar recibió oficialmente el alta médica.

Aunque todavía debía seguir un tratamiento estricto, asistir a revisiones periódicas y evitar cualquier esfuerzo excesivo durante un tiempo, el peligro había quedado atrás.

Antes de abandonar la habitación, Omar volvió la vista una última vez.

Cuántas noches creyó que aquel lugar sería el último que vería.

Cuántas veces pensó que jamás volvería a abrazar a sus hijos.

Ahora salía caminando.

Con la mano de Samyra entre la suya.

Cuando atravesó la puerta principal del hospital y sintió el aire fresco sobre su rostro, cerró los ojos por un instante.

Respiró profundamente.

Nunca el simple hecho de estar vivo había significado tanto.

***

Aquella misma noche, el equipo médico decidió reunirse para celebrar.

No era una fiesta por el éxito profesional.

Era una celebración por la vida.

Omar insistió en quedarse en casa.

—Alguien tiene que cuidar a esos dos pequeños terremotos.

Samyra soltó una pequeña risa.

—¿Estás seguro?

Él asintió.

—Completamente.

Miró hacia la habitación donde dormían los gemelos.

—Además, hace mucho que no disfruto una noche solo con mis hijos.

Phillip sonrió.

—Entonces Nassira vendrá conmigo.

Ella aceptó encantada.

Todos salieron rumbo a un pequeño bar cercano al hospital.

Era un lugar sencillo. Sin lujos.

Pero estaba lleno de risas.

El señor Mayer levantó su copa.

Todos guardaron silencio.

—Quiero brindar por cada uno de ustedes.

Observó a todos los médicos con orgullo.

—Hoy no celebramos la fama.

Ni el dinero.

Ni los reconocimientos.

Celebramos algo mucho más importante.

Hizo una pausa.

—Celebramos la vida.

—¿Cuál de los dos? —preguntó Omar.

—Los dos.

Él fingió indignarse.

—Eso significa que serán muy inteligentes.

Samyra soltó una carcajada.

—O muy tercos.

Entre bromas comenzaron a vestir a los pequeños.

Ambos llevaban diminutos trajes elegantes.

Hoy asistirían a la boda civil de Elise y Aníbal.

Mientras acomodaba la ropa Murad, Omar observó a Samyra.

Su corazón se llenó de gratitud.

Meses atrás había creído que jamás volvería a vivir un momento tan sencillo como aquel.

Ahora tenía a la mujer que amaba frente a él.

A sus hijos sanos. Y una segunda oportunidad para disfrutar cada instante.

Se acercó lentamente.

Rodeó la cintura de Samyra con sus brazos.

Apoyó la frente sobre la de ella.

—Gracias...

Susurró.

Ella sonrió.

—¿Por qué?

—Por no rendirte conmigo.

Los ojos de Samyra se humedecieron.

Lo besó suavemente.

—Nunca iba a hacerlo.

**

La ceremonia civil fue sencilla, pero profundamente emotiva.

Cuando Elise y Aníbal firmaron el acta de matrimonio, ambos se miraron con emoción.

Recordaron todas las dificultades que habían atravesado.

Las lágrimas. Las pérdidas.

Los momentos en que pensaron que jamás serían felices.

Y comprendieron que todo había valido la pena para llegar hasta ese instante.

El juez sonrió.

—Los declaro oficialmente marido y mujer.

Aníbal tomó el rostro de Elise entre sus manos.

La besó con dulzura. Los aplausos llenaron el salón.

Ambos entendían perfectamente lo que significaba aquel momento.

Después de tantas tormentas...

La felicidad, por fin, había encontrado un lugar permanente en sus vidas.

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