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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 222

Dos días después.

La mañana amaneció extrañamente tranquila.

En el departamento, el silencio era tan profundo que parecía contener la respiración junto con toda la familia.

Omar se había levantado antes que todos.

No había podido dormir demasiado.

Aquella mañana descubriría si el tratamiento experimental realmente había funcionado... o si todo aquello había sido únicamente un espejismo.

Entró despacio a la habitación de los bebés.

Murad ya estaba despierto y agitaba las pequeñas manos al verlo acercarse.

Fahriye continuaba profundamente dormida.

Omar sonrió con ternura.

Tomó primero a Murad entre sus brazos y besó su frente.

—Buenos días, campeón...

El bebé respondió con una pequeña carcajada que hizo sonreír a Omar.

Después acarició el diminuto rostro de Fahriye.

La niña abrió lentamente los ojos y, al reconocer la voz de su padre, estiró los bracitos buscando que la cargara.

Omar la tomó con infinito cuidado.

Los contempló a ambos durante largos segundos.

Sintió un nudo en la garganta.

No sabía cuánto futuro le esperaba.

Pero sí sabía que aquellos dos pequeños habían cambiado por completo el sentido de su vida.

Besó una vez más las mejillas de ambos.

—Pase lo que pase hoy...

Su voz tembló apenas.

—Nunca olviden cuánto los ama su padre.

Samyra apareció en la puerta.

Había escuchado aquellas palabras.

Sus ojos se humedecieron.

Se acercó lentamente y tomó la mano de Omar.

—Todo saldrá bien.

Él sonrió con dulzura.

—Eso espero.

Aunque, por primera vez, no estaba rezando para seguir viviendo.

Estaba agradeciendo todo lo que ya había vivido.

—Alá... gracias por permitirme conocer el amor de mi vida... gracias por mis hijos... gracias por esta segunda oportunidad.

Si hoy debo partir... Lo aceptaré.

Y si decides dejarme vivir...

Prometo no desperdiciar ni un solo día.

Samyra sintió un profundo dolor al escucharlo.

Sin decir una palabra, apoyó la frente sobre la de él.

Después lo besó suavemente.

***

Nassira llegó pocos minutos después.

Abrazó con fuerza a su hermano.

—Todo va a salir bien.

Omar sonrió.

—¿Lo dices como hermana o porque eres optimista?

Ella rio entre lágrimas.

—Las dos cosas.

Los abuelos también estaban listos.

Mientras Samyra permanecía en el hospital trabajando hasta la hora de la cita, Nassira se quedó en casa cuidando a Murad y Fahriye.

Observó cómo Omar se alejaba acompañado por los ancianos.

No dejó de rezar hasta que el automóvil desapareció.

***

Aquella mañana Samyra intentó concentrarse en sus pacientes.

Escuchaba. Diagnosticaba. Sonreía.

Pero su mente estaba completamente en otro lugar.

Cada vez que miraba el reloj sentía que el tiempo avanzaba demasiado despacio.

Finalmente terminó la última consulta. Respiró profundamente.

Había llegado la hora.

***

Omar llegó acompañado por sus abuelos.

Los tres caminaron en silencio por los pasillos del hospital.

Ninguno encontraba palabras.

Al llegar frente al consultorio de investigación, Phillip los recibió con una sonrisa tranquila.

—Buenos días.

Omar respondió con una leve inclinación de cabeza.

No podía ocultar el nerviosismo.

Dentro del consultorio ya se encontraban Samyra, Elise y Lewis.

Sobre la mesa aún no había ningún expediente.

Eso llamó la atención de Omar.

—¿Todavía no están los resultados?

Lewis negó.

—Están llegando.

Después la tomografía. Finalmente levantó lentamente la cabeza.

Miró a Phillip. Phillip lo miró a él.

Ambos parecían incapaces de creer lo que estaban viendo.

—Repite los marcadores tumorales —pidió Phillip.

Aníbal volvió a leer.

—Negativos.

—Otra vez.

Aníbal respiró profundamente.

—Negativos.

Lewis intervino.

—La actividad metastásica... Inexistente.

Elise abrió los ojos con incredulidad.

—¿Y las células madre modificadas?

Phillip respondió mirando la pantalla.

—El gen centinela sigue completamente estable... No hubo pérdida de expresión genética. No hubo rechazo. No hubo mutaciones secundarias.

Lewis dejó escapar una respiración que llevaba varios minutos conteniendo.

—Entonces... Funcionó.

Samyra sintió que las piernas dejaban de sostenerla.

Tuvo que apoyarse en el escritorio.

Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.

Omar observó a todos completamente confundido.

Nadie dejaba de llorar. Nadie hablaba con claridad.

Sintió que el peor miedo de su vida se hacía realidad.

Bajó lentamente la cabeza.

Sonrió con resignación.

—Lo entiendo... No hace falta que me lo digan. Gracias por intentarlo. Gracias por no rendirse conmigo.

Samyra levantó inmediatamente la cabeza.

Caminó hasta él.

Lo tomó del rostro entre sus manos.

Y, llorando, negó una y otra vez.

—No... No entiendes nada.

Omar la miró desconcertado.

Ella rompió definitivamente en llanto.

—¡Funcionó!

Su voz tembló por la emoción.

—¡Omar... funcionó!

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