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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 208

Al día siguiente

Muy temprano, Omar acudió al hospital para continuar con sus revisiones.

Aunque los últimos estudios habían mostrado una recuperación extraordinaria, el tratamiento todavía no había terminado.

Samyra insistió en acompañarlo.

Desde el nacimiento de Murad y Fahriye no se había separado de él más de unas horas. Aun así, aquella mañana dejaron a los mellizos al cuidado de Nassira.

—No te preocupes —dijo ella mientras cargaba a Fahriye entre sus brazos y Murad dormía plácidamente en la cuna—. Ve tranquila. Yo cuidaré de estos dos pequeños terremotos.

Samyra sonrió agradecida.

—Volveremos pronto.

Antes de salir, besó la frente de ambos bebés.

Omar hizo lo mismo.

Murad se aferró instintivamente a uno de sus dedos mientras dormía.

El pecho de Omar se llenó de una ternura indescriptible.

Jamás imaginó que un gesto tan pequeño pudiera hacerle sentir tanto.

—Papá volverá enseguida, campeón —susurró.

Después acarició la mejilla de su hija.

—Y tú cuida de tu hermano mientras no estamos.

Samyra soltó una pequeña risa.

—Todavía ni siquiera saben abrir bien los ojos.

—Pero ya sé que serán un gran equipo.

Ambos abandonaron la casa con una sonrisa.

Sin embargo, mientras conducían hacia el hospital, aquella felicidad comenzó a mezclarse nuevamente con la incertidumbre.

***

Al llegar al instituto médico, Aníbal los esperaba junto a Lewis y Phillip.

Los tres tenían expresiones serias.

Demasiado serias.

Omar comprendió inmediatamente que aquella cita no era una revisión de rutina.

Después de saludarlos, todos entraron en una sala privada.

Aníbal tomó asiento frente a ellos.

Respiró profundamente antes de comenzar.

—Primero quiero darles una buena noticia.

Encendió el monitor donde aparecían las imágenes más recientes de los pulmones de Omar.

—La terapia Blum ha superado nuestras expectativas.

Señaló las imágenes.

—Las células cancerígenas activas prácticamente han desaparecido. Tus pulmones muestran una recuperación que hace unos meses habría parecido imposible.

Samyra sonrió emocionada.

Tomó inmediatamente la mano de Omar.

Él también sintió un enorme alivio.

Durante meses habían vivido con el miedo constante de que el cáncer avanzara.

Escuchar aquellas palabras era como volver a respirar.

Pero Aníbal no sonreía.

Y eso hizo que la alegría durara apenas unos segundos.

Lewis cruzó los brazos.

Phillip permanecía completamente callado.

Aníbal volvió a hablar.

—Sin embargo...

Esa sola palabra bastó para que el ambiente cambiara.

—Blum destruye las células cancerígenas que ya existen, pero no elimina el origen del problema.

Samyra sintió que el corazón se detenía. La esperanza que acababa de nacer volvió a derrumbarse.

Apretó con fuerza la mano de Omar.

Él permanecía inmóvil.

Mirando fijamente los estudios.

—¿Por qué ofrecerme algo con un riesgo tan alto? —preguntó finalmente.

Aníbal sostuvo su mirada.

—Porque tú no eres igual a esos cinco pacientes. Todos ellos llegaron en etapas mucho más avanzadas y con un organismo muy debilitado. Tú has respondido de manera extraordinaria a Blum. Tus pulmones están mejor de lo que esperábamos. Si alguna persona tiene posibilidades reales de beneficiarse de esta terapia... eres tú. Pero sigue siendo un tratamiento experimental. Y no puedo prometerte que funcione.

Lewis añadió con serenidad:

—También existe otra opción. No recibir esta terapia. Continuar con revisiones periódicas y actuar únicamente si el cáncer reaparece.

Omar cerró lentamente los ojos. Cualquiera de las dos decisiones implicaba miedo.

Aceptar el tratamiento significaba arriesgar su vida ahora.

Rechazarlo significaba vivir esperando el regreso de una enfermedad que ya había intentado arrebatárselo todo.

Pensó en Samyra. Pensó en Murad. Pensó en Fahriye.

Había prometido estar presente en cada cumpleaños.

En enseñar a sus hijos a caminar.

En peinar el cabello de su pequeña cuando fuera a la escuela y enseñar a su hijo a montar caballos.

Había prometido envejecer junto a la mujer que amaba.

Abrió lentamente los ojos.

Buscó la mirada de Samyra. Ella no dijo una sola palabra.

Solo entrelazó sus dedos con los de él y le regaló una sonrisa llena de amor.

Una sonrisa que parecía decirle que, eligiera lo que eligiera, nunca tendría que enfrentar aquella batalla solo.

El silencio volvió a llenar la sala.

Y, por primera vez desde que comenzó aquella conversación, nadie tenía una respuesta.

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