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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 203

Por la noche.

Aníbal permaneció sentado junto a la cama durante varios minutos, incapaz de apartar la mirada de las dos personas que ahora daban sentido a toda su existencia.

La tenue luz de la lámpara iluminaba el rostro sereno de Elise, mientras la pequeña Adara dormía plácidamente en su cuna, abrazando uno de sus pequeños ositos de peluche.

Aún le costaba creer que aquello fuera real.

Después de tantos años de dolor, de culpa y de pérdidas, por fin podía contemplar a su familia reunida.

Se levantó con cuidado para no despertarlas.

Primero se acercó a la cuna.

Observó el diminuto pecho de Adara subir y bajar con cada respiración. Sus pequeños labios estaban entreabiertos y una de sus manitas descansaba junto a su mejilla.

Sonrió con ternura.

Apagó la lámpara y se metió a la cama con Elise, ella se abrazò a su cuerpo.

Èl la estrechó con fuerza, como si quisiera convencer al destino de que nunca más volvería a arrebatársela.

—Te amo... —susurró.

—Yo también.

Ninguno necesitó decir nada más.

Por primera vez en mucho tiempo, los dos cerraron los ojos y durmieron completamente en paz.

***

Un mes después.

Samyra acariciaba distraídamente su enorme vientre mientras contemplaba por la ventana la ciudad.

El médico ya había programado el nacimiento del bebé para dentro de pocos días.

—Ya casi los conoceremos... —susurró con emoción.

Ese mismo día, Omar recibió finalmente el alta médica, su sistema inmune era más fuerte, aunque en dos semanas volvería por otro tratamiento.

Cuando cruzó por primera vez las puertas del hospital como un hombre libre, cerró los ojos y respiró profundamente.

El aire fresco acarició su rostro.

Había olvidado lo maravilloso que era simplemente caminar bajo el cielo.

No perdió tiempo.

Condujo directamente hasta el departamento de Samyra.

Ella abrió la puerta apenas escuchó el timbre.

Sus ojos brillaron de felicidad.

Sin pensarlo dos veces, corrió a abrazarlo.

—¡Omar!

Él la sostuvo con cuidado para no lastimar su embarazo.

Nassira observó la escena desde la sala y sonrió con ternura.

—Creo que los dejaré solos un momento.

Omar giró sorprendido.

—¿Hermana? ¿A dónde vas?

Nassira tomó su bolso.

—Una ginecóloga que me recomendó Samyra aceptó recibirme hoy. Quiero escuchar una segunda opinión.

Omar sonrió con sinceridad.

—Ve. Ojalá recibas buenas noticias.

***

En el Hospital.

Mientras esperaba su turno, Nassira no dejaba de entrelazar los dedos.

Las manos le sudaban.

Su respiración era cada vez más rápida.

Durante tanto tiempo había aprendido a fingir que aquella herida no existía.

Pero en realidad nunca había dejado de soñar con convertirse en madre.

Finalmente, una enfermera abrió la puerta.

—Señorita Al-Sabah.

Entró al consultorio.

La doctora comenzó revisando todos los estudios que Samyra le había enviado previamente.

Después realizó un ultrasonido.

El silencio dentro del consultorio se volvió cada vez más incómodo. Nassira observaba el rostro de la especialista.

Intentaba descubrir alguna emoción. Alguna esperanza.

Pero la mujer permanecía completamente seria.

Su corazón comenzó a acelerarse.

—Nassira... antes que nada quiero que sepas que entiendo lo difícil que puede ser escuchar este diagnóstico.

Ella sintió que el estómago se le contraía.

"Quizá algún día pueda sentir a mi hijo moverse dentro de mí..."

La sola idea hizo que su corazón latiera con fuerza.

Pero enseguida otra pregunta apareció.

"¿Y quién será su padre?"

Bajó la mirada.

"¿Traeré al mundo a un niño sin un padre que lo ame?"

"¿Podré darle una familia completa?"

Sintió un dolor insoportable.

Levantó la vista hacia el techo.

—Alá... si este sueño no debe cumplirse... ¿por qué sigue vivo dentro de mí? ¿Por qué cada vez que veo un bebé siento que una parte de mi alma lo reconoce? ¿Por qué no puedo dejar de imaginar a un pequeño llamándome mamá?

Sus ojos volvieron a humedecerse.

Entonces ocurrió. A unos metros de distancia apareció el doctor Alim Zuhair.

El corazón de Nassira dio un vuelco.

Una sonrisa iluminó su rostro.

"¿Será una señal?"

Sin darse cuenta comenzó a caminar hacia él.

Durante un instante imaginó que el destino volvía a cruzar sus caminos por alguna razón.

Pero apenas dio unos pasos, todo su mundo volvió a derrumbarse.

Una mujer embarazada llegó hasta Alim.

Él sonrió con una ternura que Nassira jamás le había visto.

La rodeó con los brazos. Después apoyó una mano sobre el vientre redondeado de la mujer y lo acarició con infinito amor.

Finalmente inclinó la cabeza y besó sus labios.

Nassira se quedó inmóvil. El aire desapareció de sus pulmones.

No sintió celos de aquella mujer. Sintió envidia de la vida que ella tenía. De la familia que estaba formando.

Las lágrimas comenzaron a caer silenciosamente.

Retrocedió un paso. Luego otro.

No quería que Alim la viera llorar.

Giró sobre sus talones y salió casi corriendo del hospital.

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