Los dos primeros intentos fueron tan rápidos que Ivana ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. Cuando vio que él estaba a punto de apretar el gatillo por tercera vez, lanzó una patada contra la mesa.
La mesa se estrelló contra el otro extremo, golpeando a Nelson. Su mano tembló.
¡Bang!
La bala salió disparada y pasó rozando la parte superior de su cabeza.
El disparo ocurrió a una distancia tan corta que el oído de Nelson, que ya estaba resentido, no pudo soportar el estruendo. Se encorvó por el dolor.
Ivana sintió que el cuero cabelludo se le erizaba por el terror y finalmente no pudo contenerse.
—¡Casi te matas hace un segundo! ¡¿Acaso estás loco?!
¡Ella quería alejarse de él, pero no de esta manera!
Yadira estaba aún más aterrada. Se apresuró a sostenerlo para revisarlo y asegurarse de que no estuviera herido.
Pero Nelson la apartó de un empujón. Miró a Ivana y una ligera sonrisa se dibujó en sus labios.
—Gané.
Esa palabra estaba cargada de un significado oscuro.
Intentó meter la mano en el bolsillo, pero notó que su brazo herido comenzaba a palpitar de dolor nuevamente, así que usó la otra mano para sacar una pequeña caja de terciopelo y la dejó sobre la mesa.
Ivana ya imaginaba lo que había adentro y se quedó de pie, sintiendo que la sangre se le congelaba.
—¡Si aún quieres irte, vas a tener que darme un tiro! O si no, yo te mato a ti. ¡No hay un tercer camino!
Tras decir eso, Nelson dio media vuelta y se marchó.
Yadira lo siguió rápidamente, intentando torpemente limpiar la sangre que le escurría por la oreja.
A lo lejos, los guardaespaldas que habían escuchado el disparo corrieron para averiguar qué había pasado. En cuestión de minutos, los vehículos todoterreno desaparecieron en la oscuridad.
Solo quedó Lionel. Condujo el auto hasta detenerse detrás de Ivana y bajó para acercarse a ella.
—Señora, no importa qué decida después, por favor, volvamos por ahora.
Ivana levantó la cabeza y sintió el viento frío golpeando su rostro. Se sentía como si le hubieran arrancado el alma del cuerpo.
Unos segundos después, tomó rígidamente la pequeña caja. Tal como sospechaba, adentro estaba su anillo de bodas.
«¡Es un completo desquiciado!».

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