Habían planeado ese operativo durante mucho tiempo para desmantelar la banda criminal, ¡y el líder se les había escapado!
La policía había enviado a varios agentes al interior del edificio, pero debido a la magnitud del incendio, tuvieron que ordenar la retirada por seguridad.
Nelson bajó la mirada y tosió un par de veces.
—No lo vi. En cuanto encontré el USB, salí de inmediato.
Suárez se frotó la frente con frustración. Tenían el perímetro rodeado. Si no había salido, tenía que estar atrapado adentro.
Nelson sacó unas toallitas desinfectantes para limpiarse el rostro y las manos. Luego se dirigió a los oficiales y les pidió permiso para retirarse. Dijo que su esposa estaba en estado de shock y que necesitaba llevarla a casa.
La policía, que estaba desbordada de trabajo, accedió.
Ofrecieron enviar una patrulla para escoltarlos, pero Nelson se negó.
El auto aceleró por la carretera mientras el cielo comenzaba a oscurecerse. Detrás de ellos, los seguían un par de camionetas blindadas.
Finalmente, se detuvieron en un terreno baldío y solitario.
Dentro del auto, Ivana mantenía la cabeza gacha, aferrada al cinturón de seguridad, consumida por la ansiedad.
La policía le había confirmado que no atraparon a Hugo. ¿Y si había escapado?
¿Qué pasaría si aún tenía copias de sus fotos?
—¿Crees que la policía logre atrapar a Hugo?
Su voz temblaba. Esa sensación de ser observada desde las sombras, de estar bajo el control de alguien más, la envolvía lentamente, como la noche que caía sobre ellos.
Nelson giró la cabeza para mirarla con unos ojos insondables.
—Bájate del auto —dijo con voz grave.
Ivana aún no procesaba sus palabras cuando vio a Nelson desabrocharse el cinturón, salir del auto y caminar hacia la parte trasera.
Segundos después, se escuchó un quejido sordo, seguido del sonido de algo pesado cayendo al suelo.

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