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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 308

¿Aniversario?

Aunque le dolía admitirlo en voz alta, Ivana sintió una punzada de profunda envidia.

Nelson jamás se había acordado de su aniversario de bodas y, a excepción de la noche en que le propuso matrimonio, nunca le había regalado una sola rosa.

Las comparaciones siempre destruían el alma.

Ivana parecía haber olvidado en qué momento exacto su orgullo se había desmoronado por completo frente a él.

¡Hubo un tiempo en el que, solo por enterarse de que no era el primer amor de Nelson, se daba el lujo de hacerle berrinches y mostrarle su peor carácter!

Como sentía que llevaba las de perder, siempre buscaba la manera de equilibrar la balanza.

Por eso, cuando Nelson le preguntó a quién pertenecía aquel famoso abrigo, ella ocultó la verdad a propósito y le dijo con total seriedad que el dueño de esa prenda era alguien sumamente importante en su vida.

Sabía que, si él descubría que llevaba años enamorada en secreto, ¡se le subirían los humos a la cabeza!

Así que, simplemente, mintió.

Cada vez que recordaba la expresión de fastidio y celos en el rostro de Nelson al escuchar su respuesta, Ivana no podía evitar reírse sola.

¡Que sufriera intentando adivinar!

¡Le venía muy bien sentir un poco de competencia!

En aquella época, aún se comportaba como una mujer altiva y caprichosa frente a él.

Tenía derecho a serlo, ¡porque Nelson la consentía en todo!

Pero todo cambió el día que descubrió que el primer gran amor de Nelson era, en realidad, Yadira. En ese momento, su mundo estuvo a punto de colapsar.

Después de aquello, Nelson se arrodilló suplicando su perdón entre lágrimas, y su corazón se ablandó.

A medida que la relación avanzaba, él comenzó a llevarla a conocer a sus padres y a su círculo íntimo.

El problema era que la gran mayoría de los amigos de Nelson también habían sido compañeros de clase de Yadira.

Y para empeorar las cosas, todos mantenían una excelente relación con ella.

Quizás por lealtad a Yadira, siempre la trataron con una sutil, pero palpable, hostilidad.

Por ejemplo, frente a Nelson, todos le pedían su número o su usuario de redes sociales de manera muy educada, pero a sus espaldas configuraban la privacidad de sus perfiles para que ella no pudiera ver sus publicaciones.

En las raras ocasiones en que salían a cenar en grupo, Ivana se limitaba a sentarse en silencio junto a Nelson. Nunca lograba encajar en los temas de conversación.

Siempre terminaban recordando anécdotas de la escuela, seguidas de carcajadas que resonaban en toda la mesa.

Pero cuando sus miradas se cruzaban con la de Ivana, había en ellos un escrutinio disimulado, una evaluación silenciosa.

Todos ellos eran niños ricos, herederos de familias influyentes, criados en la cuna de la alta sociedad. Tenían un aura de privilegio desde el día en que nacieron.

Para ellos, el origen humilde de Ivana era un abismo insalvable.

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