En la habitación del hospital, después de que Daniela y Yadira se marcharan, Nelson por fin volvió a abrir los ojos.
Luego, le envió un mensaje a su asistente pidiéndole que le trajera su computadora de inmediato.
Sin embargo, un momento después, ¡la persona que entró por la puerta fue Federico!
Federico entró, le dio un vistazo a Nelson en la cama del hospital y fijó la vista en su brazo.
—¿Es muy grave? —preguntó.
Nelson mantuvo la mirada fija en el techo.
—No es nada.
Federico asintió e, inmediatamente después, le dio una palmada justo en el brazo herido.
El sudor frío comenzó a brotar de la frente de Nelson por el dolor punzante, y lo fulminó con la mirada.
—¡¿Acaso te quieres morir?!
A Federico no le intimidó en lo absoluto esa actitud. Arrastró una silla con total desparpajo y se sentó.
—Esa pregunta debería hacértela yo a ti, ¿no crees? —Dicho esto, le lanzó la computadora que Nelson había pedido, dejándola sobre sus piernas.
Nelson la abrió de inmediato para revisar el programa de rastreo, pero, para su desgracia, seguía sin haber señal.
Tras pensarlo un segundo, acercó la mesa auxiliar de la cama y acomodó la computadora a un lado.
La habitación quedó sumida en un profundo silencio.
Nelson se quedó mirando la pantalla sin pestañear, con una terquedad en los ojos que nadie más podría comprender.
Federico lo acompañaba a un lado. Ya había sacado un cigarrillo del bolsillo, pero al recordar que estaban en un hospital, se contuvo y lo guardó.
—Nunca se había alejado de mí por tanto tiempo.
Nelson soltó la frase de la nada.
Pero Federico entendió perfectamente a qué se refería, puso los ojos en blanco y se burló:
—¡Querrás decir que nunca había estado fuera de tu control por tanto tiempo!
Recordaba cuando Ivana participó en una competencia de drones en la universidad; ¡solo se había ido por dos días y Nelson insistió en ir tras ella para hacerle porras!
Federico le había dicho en su momento que la chica había vivido más de diez años sin él, y que se preocupaba por puras tonterías.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado